Primer paraje

Burroughs dijo una vez que no se habría convertido en escritor de no ser por la muerte accidental de Joan Vollmer, misma que él le provocase después de una subida de metadona el 6 de septiembre de 1951 en la ciudad de México; dos años después publicó "Yonqui". Una noche helada de 1910 el autor de Ana Karenina salió de su casa sin dar explicaciones; abordó un tren al azar hasta llegar a Astápovo, donde murió de hipotermia en una cabaña de guardafrenos. Paul Celan escribió "la poesía es una especie de regreso a casa", una noche de abril de 1970 se dirigió hacia el puente Mirabeau, a los costados se erigían los tenderetes verdes de los vendedores de libros viejos, el río Sena fue el último nicho de descanso después de suicidarse.

martes, 19 de marzo de 2024

El estudio del miedo

 El estudio del miedo

Nunca supe muy bien qué había después del miedo,  hasta que lo sentí tanto que me di cuenta que solo se hallaba la oportunidad de ser "valiente". - Alexandra Lemi, Mujer con corazón de niña.


Esta frase resuena en mi cabeza tanto no por el impacto de sus palabras sino por la cantidad de veces que he tenido que ser ¿valiente?, quisiera pensar que solo se trata de eventos aislados; una comunidad de escenas brutales y de momentos en que no sabía si en el segundo siguiente iba a sobrevivir. Tener la muerte tan cerca y entender de ella el abismal vacío que se abre en ella. 

A mis 8 años la entendía perfectamente, sin siquiera recordar lo que había pasado en años previos. El miedo me lo enseñaron mis padres y la vida me recordó que ese miedo podía invadir todos los rincones de mi existencia. Me invadía en la oscuridad del cuarto del segundo piso de la Altavista, en la boca de los perros desconocidos, en la enorme calle a las 6 de la tarde el día que pensé por primera vez en irme de casa a mis 10 años. El miedo se asomaba en la sonrisa torcida del que atendía la tienda de la esquina y en los baños sucios de la primaria; y siempre pensé que en algún punto el miedo se iría, que empacaría sus maletas y un día se iría sin decir adiós, despertaría y me daría cuenta de lo valiente que soy. Hoy a mis 31 años de vida me encuentro encorvada apenas al primer movimiento vertical de un martillo pasando cerca de mi, y es el miedo recordándome con insistencia que no se ha ido, me susurra a los oídos casi siempre en las fiestas decembrinas cuando la pólvora de los fuegos artificiales suele parecerse a la rafaga de un arma de fuego y apenas logró colocar mi cabeza en la almohada se escurre entre las sábanas haciéndome la constante pregunta "¿estás segura?, ¿cerraste la puerta?, ¿eso que se asomó en la esquina de la puerta es real o un sueño?". 

Recuerdo que el miedo puede hacer que te pongas máscaras muy extrañas, la más común es la de "valiente"; pero en ocasiones me ha puesto las máscaras de la incredulidad, de la melancolía, de lo absurdo y de lo llano también. Me ha hecho aparentar ser analítica y racional en situaciones sin sentido. Podía saber perfectamente que el miedo nos enmudecía cuando el cuerpo enterrado en la fosa común donde todos fingimos ser ciegos, desaparecía; entendía que el miedo podía ser un anuncio en un mensaje de Whatsapp que convertía los pueblos en desiertos o unas palabras en un sms del contacto de mi ex. 

El miedo me convertía en presa pero jamás en cazadora, me convertía en víctima y se me juzgaba por ello. Es muy difícil explicar como en mi tercer década, acciones sencillas, chicas y aparentemente inocuas significan todo un mundo de terror para mi: alguien escribiendo desde su celular, alguien alzando la mano por encima de mi cabeza, la cercanía de alguien, el no tener trabajo, el tener trabajo, el no tener dinero, el tener dinero, una decoloración de cabello, un tono diferente de negro en la ropa, el fuego encendido de una estufa y la inmensidad de la calle cuando caminas, un paseo en camión y alguien muy enfermo podían convertir unos segundos de cotidianidad en terror puro. 

Recuerdo salir despavorida de la casa corriendo hacia el carro tratanto de romper algún record donde lo que sea que estuviera esperando afuera no pudiera atraparme y lo mismo cuando volvía de trabajar. Sentir unas manos acariciando mis piernas, o alguna mano tomando mi pelo pasaba de ser un tierno gesto de pareja a un recuerdo de trauma. ¿Por qué permití que mi vida se convirtiera en un caldero de miedos?, ¿por qué permití alcanzar esta edad con menos estabilidad y más responsabilidades?, ¡en qué momento acabará esto y me permitirá criar a la siguiente generación de mi sangre sin miedo!.

Creo que incluso la incertidumbre de no tener techo, comida o refugio me invadió hasta la raíz de un miedo que nunca se fue a pesar de que ya contaba con todo esto. Quizás muy pocas veces alcancé una breve libertad sin miedo, donde tiré todo por la borda, ¡quemé los puentes!, y... me tiré al vacío de la desesperanza. Muy pocos comprenderán que detrás de una decisión así no piensas en qué pasaría si logras sobrevivir precisamente porque no hay miedo de que hay después de esta u otra vida. 

El momento en el que desperté y la ropa puesta que tenía no coincidía con lo que me había puesto, que me di cuenta del dolor de mis muñecas o de mi cabeza, que el estómago se me hacía nudo mientras confirmaba cuán sola estaba dentro de mi habitación de cueva; fue precisamente ahí que descubrí que el miedo no te dejaba ni siquiera en los breves momentos donde morías o estabas en el limbo inconsciente. ¿Podría llamarse como algún instinto de autoconservación? quizás, pero el miedo jamás me dejaba. 

¿Y entonces? solo me quedaba ser "valiente", valiente para tomar mi dignidad y mis cosas, recoger los pedazos que me quedaban de mi maldito ser y arrastrarme hacia un nuevo día de trabajo con la mente dispuesta a empacar y huir a otro futuro incierto. Tomar todo lo que pudiera conmigo y huir del estado de sitio, del estado de guerra donde si no salía al amanecer cerrarían las carreteras y enfrentaría mi muerte en menos de 24 hrs, el estado de guerra donde después de toda la manipulación, humillación, gaslighting y abuso narcicista tenía que recoger lo que me quedaba y desaparecer de la casa sin poder volver a mi hogar de origen porque allá también se libraba otra guerra; tienen razón... quizás yo no conocí el miedo que tienen los de Haití o los de Gaza, quizás no tengo ni idea del miedo que inunda el cielo de Ucrania o la vida amorosa de Rusia, pero dentro de mi existen miedos muy parecidos. 

¿Alguna vez han ido a trabajar con una sonrisa después de un intento de suicidio?, ¿después de una noche de corazón roto y llanto de horas?, ¿han dicho estar bien mientras el humo se metía por la casa en el incendio solo para no preocupar a alguien?, ¿han fingido estar bien luego de retomar la consciencia con las pantaletas llenas de sangre?... tener la oportunidad de ser valiente es un privilegio, verse obligado a ser valiente es una realidad, por eso digo que vivo en ese único estado del miedo con breves brechas de amnesia que dan la apariencia de ser "valentía". 

 

 

El desfiguro de la nube negra




Cuando me pongo a recordar todas las cosas que ya no existen, todas las cosas que en mi morada quise albergar y que por alguna razón amarga jamás tocaron a mi puerta, me siento increiblemente patética. Puedo recordar que en el 2020 por la noche en mi desespero por ayudar a los demás, con apenas aliento, bajo el traje blanco hermético, que recuerda a los astronautas de los setentas, el cuerpo de uno-sesenta de un niño de 22 años. El mismo que tan solo 6 horas después tendría que entregar en una bolsa de cadáveres. La misma imagen disforme que hace horas respiraba ahogadamente, ahora no respiraba; sondeando con mis ojos su madre y su hermana lo ven desde la distancia de un metro, ni siquiera lloran, saben que desde que se había enfermado ya era una sentencia de muerte. Y yo estaba ahí esperando entregarlo a los hombres de la funeraria, solo vigilando que en medio de su dolor no se lanzaran al cadáver en la bolsa y se terminaran contangiando. 

Ese día recogía dentro de mí los pedazos de una humanidad, se me hacía tan común ver las bolsas grises de los cadáveres esperando a ser despachados, y de alguna manera sentía que me perturbaba, en silencio, encerrados apenas con un candado dentro de sus bolsas grises, todos desconocidos. En ese exilio en el que estaba sola yo con todas las palabras que no podía contar a nadie, solo sentía mi humanidad hecha pedazos, y por eso recuerdo que ahí también todas las cosas buenas no se habrían de encontrar en mi morada. 

Recuerdo ese día, porque me recargué sobre la pared de mi casa y tuve que sentarme a llorar, llorar la muerte de todos los cadáveres que había entregado en la semana, y dejar de cubrir mi rostro con sonrisas falsas y espejismos de rostros que aparentaban que todo era tan cotidiano como antes. No es posible volver, nada es posible, me sentía limitada yo a mi misma, encerrada, incluso debería darme igual pero no puedo y por eso me solté llorando sintiéndo mi corazón fatigado. Y me sentía otra vez sola. 

La cerveza apenas desfiguraba ese dolor, y adormecía los recuerdos de todas y cada una de las veces que tuve que encerrarme con toda esta soledad. Ayer era un armagedón, hoy tenía problemas, y aunque nunca me he considerado una persona equilibrada, ya estaba acostumbrada tanto en lo metafórico como en lo físico al dolor. Ya me había negado a la posvida, reservaba con recelo mi orgullo donde no me permitía absorber por la debilidad ni el infierno y lanzarme a la dulzura de las flores amarillas, eso era para ingenuos en mi mente, morir era para ingenuos.

Reviso incluso ahora, sentada al borde de mi cama, la luz que atraviesa las persianas de la ventana, todas las posibilidades donde pude escapar de todo esto y por alguna razón la muerte me fue negada, pero hubiera estado bien, irse hubiera estado bien porque todas las cosas siguen existiendo a pesar de nosotros, y con tantos cadáveres no sigue habiendo menos gente, es como si en primer lugar nunca hubieran existido. Como de costumbre aqui en mi morada no hay nadie, nunca hay nadie, nada que pueda albergar en esta morada, en estas paredes blancas de un exilio sin sentido, en el que todo mi dolor parece inundar la habitación mientras se encuentra vacía. Como la vez que nevaba afuera en la sierra y a media noche sin luz pedía a gritos y a moco tendido que se acabara mi vida, ese oscuro legado sin propósito de emociones adormecidas, como aquella vez que tuve que recoger toda mi dignidad en bolsas de basura mientras la camioneta se alejaba a las diez de la noche y yo miraba atónita el abandono al que me habían arrojado las únicas personas que debian amarme o protegerme, recuerdo como sentí que mi alma entera entraba a la boca del lobo, en una venganza eterna y un rencor sin rostro. 

3 años pasaron, y seguía tomando vino en espera que el alcohol siguiera adormeciendo todo, y que un nuevo día se presentara, un nuevo día con una rutina aprendida, en espera siempre de lo mejor; y sin embargo siempre retornaba al piso vacío donde nada bueno albergaba mi hogar. Me recuerda todas las veces que me senté en el sillón e insistentemente la sombra de la ausencia se desplegaba por toda la casa. Las sombras de todo lo que habita en la noche, y que me hacen sentir patética por no haber tenido más valor para enterrar la cuchilla en la boca del estómago. 

Es así como otra semana pasa, y sigo sacando el líquido negro del café extraído de la prensa francesa, y permitiéndome sentir este dolor tan patético y viejo que parece matrimonio hostil, que silencioso sigue llevándose una a una mis pocas neuronas que han sobrevivido tanto a las intoxicaciones como el abuso de sustancias con benzodiacepinas. Quizás exagero, pero no es coincidencia que cada noche en esta morada donde nada bueno ha entrado, siga recordando por todas las oportunidades que tuve de acabar con todo, como si de repente los espejos de la locura y las voces de los recuerdos se unieran en mi necedad a recordarme que una vez que yo mi propósito alcance, haya palabras de personas que hoy no me hablan fingiendo que me conocían, fingiendo que yo era una persona decente (que no era), una persona dulce (que no era) y que mi vida era valiosa (que tampoco era). 

Sin afán de llegar a parábolas, no creo ya en nada, pero tengo esa necesidad tan alta de que algo más exista, de creer cuando no creo en mí, ¿es acaso este sueño que es la vida, un verdadero sueño?, ¿una forma de amor tan extraña y tan dura que me recuerda todo lo bueno que nunca ha de venir, y que me quiera viva en ese amor mezquino en vez de dejarme partir?; es por todas las cosas y por todas las personas que ya no albergan mi morada, que de vez en cuando saco mi rostro al sol y sentada veo las figuras una tras otra transcurrir como si existieran sintiéndome menos ser yo.   

domingo, 30 de enero de 2022

El cuadro de camaleón



El cuadro de camaleón que pinté era un llamado a la nostalgia, sentada en el comedor junto a la puerta tenía frente a mis las pinturas de aceite y pensaba en ese llamado de los viejos tiempos, de ser posible recuperar 10 grs de la cordura que había perdido intentando no retorcer su imagen. Si alguien me viera sentada viendo la imagen del camaleón por el celular y mi cara volteando al lienzo pensaría de mi cualquier cosa menos caos. Concentrarse a veces en pequeñas tareas nos trae una paz que solo los ocupados tenemos, pero para mí era un llamado a recuperar solo la cordura y nostalgia. 

No hace menos de 6 meses había sobrevivido a una intoxicación hepática producto de un intento de suicidio fallido, hace no menos de 9 había pisado un motel de paso con una de las chicas del club y hace no menos de 1 año que había tenido otro intento fallido con un vaso de cristal en el baño. La vida es así, un intento tras otro de demostrarte que cuando más quebrado estás por dentro existe aún la posibilidad de fragmentarse más. Muchos creen en las teorías unificadoras pero yo solo descubro que nos vamos partiendo en tantos pedazos alrededor de todos y todo que la imagen final parece más un camaleón del puntillismo. 

Sentada ahí mientras mis inquisidores me observaban desde la sala, mientras sumaban sobre mí sus veredictos del juicio final, yo permanecía con la mirada fija en el camaleón prensado de una rama con una pata más chica que la otra. 

Las heridas siempre permanecen abiertas lo único que las hace diferentes es que con el tiempo olvidamos que están ahí hasta que nos lo recuerdan; podría decir que de hecho las heridas y ser sobreviviente de un intento solo me recuerdan todas las veces que me prensé de la rama de la resilencia hasta agotar todas mis fuerzas e intentar soltarla para caer al vacío. 

Al final de la tarde, cuando termine de pintar y que el camaleón se encuentre en las paredes de esta casa estaré acostándome en el lecho del enemigo, estaré sonriendo y ocultado mi dolor a quienes decían ser mis amigos; al final de la tarde cuando el sol se cierne sobre el horizonte estaré con la casa llena sintiéndome sola y podría decirse que me lanzaré hacia los sueños donde me siento segura y en libertad solo para despertar a otro día y con otra actividad similar que me haga olvidar lo que me duele y me recuerde un pasado mejor. 

Aves en el cable

 


He nacido en un entierro masivo de ideas,
unas tras otras amontonadas en eterno castigo,
donde tu cuerpo es patria y rumor de calma,
donde las cajas de polvo son mi único testigo.

Ya me da igual si creen que la enfermedad no existe,
si estando enfermos la negación será palabra,
si la verdad será manipulada por el internet de herejes,
queda en suspenso la gravedad de una realidad macabra.

Ahora por fin que han derribado todas las murallas,
que han destruido a la mente consciente,
los buenos quedaremos mudos entre alas
de la era despues del dos mil veinte.

Después de todos los gramos de alcohol 
que han cubierto nuestras manos lastimadas,
después de que todo esto haya acabado,
muchos sentirán la urgencia desalmada

de hundirse cuando el barco aún no ha zarpado,
de abandonar cualquier salvación viable,
de creer que la muerte han burlado
cuando en realidad son sólo aves en el cable.



viernes, 23 de octubre de 2020

El camino de los cobardes

Por eso necesito estar a solas.
Necesito estar solo mucho tiempo.
Tengo que reconstruirme cada día
mi mundo, que destruyen los demás.
Fonollosa, José María. 
"Carrer de Girona - Ciudad del hombre".





El año dos mil veinte parece un profundo entierro, 
la sopa primigenia atemporal e inhóspita me dice
que tengo la fe de un perro esperando tu encuentro,
sin saber que este es el camino donde se pierden las raíces.
 
Dejó desierta las calles y parece difícil contradecirse,
si soy un mal borracho no es por falta de práctica,
es exceso de remordimientos que se maldicen,
y me parece imposible continuar existiendo en la gráfica.

He logrado con mucho esfuerzo llegar a octubre,
sin otro rasguño que el de tus silencios,
me cuesta trabajo llegar a casa, al inmueble
que me cuenta como es el borde del recuerdo.

Crecí pensando siempre en los finales,
a veces tomo alcohol pensando que me río,
mi alegría es el cheque que el coronel
jamás encontró, es el sustento del vacío.

¿Dónde me quedé cuando no tenia que fingir,
cuando tenía todos los sueños del mundo?
Tengo 28 años y desde entonces existir
se parece mucho a cargar un difunto.

El estrés me mastica y me devora repulsivo;
el peor error que uno puede cometer
es enarmorarse del amor o víctima definitivo
creer que lo nuestro es mordern romance.

Soy yo quien mira el reflejo tras el botiquín,
que observa las puertas rotas, los cristales en el suelo,
que mira las huellas de sangre gotear en el adoquín,
mientras te ríes afuera fingiendo que no entiendo.

¿Si me muero ahora leerás mis cartas?
porque 2020 parece óleo de mujer con sombrero;
la promesa es un futuro donde charlan
la peste, el hambre y los sueños de enero.

Amplificas mi alivio sabiendo que me borras,
que mis mensajes se pierden como centavos
que en el suelo sin remordimiento dejas,
y me agrada sobre todo que no seamos amigos.





jueves, 10 de septiembre de 2020

Elepés

 Capítulo 2 Elepés



The sound you make is muzak to my ears” fue el insulto que John Lennon le lanzó a Paul McCartney en su canción “How do you sleep”, de 1971. No se circunscribía a ningún género en particular, podía ser oída pero no escuchada, el texto no destacaba por lo que ni siquiera era motivo de distracción y para más inri la frecuencia fuera alta o baja no implicaba que cambiara la situación tensa en que se él encontraba, ¿qué sentido tendría si la escuchaba?, eso era en aquel entonces, hoy por fortuna parece que podríamos evocarla a través del género Lo-fi pensó. Interrumpió el reproductor y se quitó los audífonos para prepararse para la noche. No sería sencillo, el plan tenía que ser tan meticuloso como para que nadie se alarmara de su presencia y tan sutil que pudiera hacerse en un solo acto, uno imperceptible. Los miembros habían acordado que la misión se realizara por él y por Diana “la enfermera”, debido a que las parejas suelen pasar más desapercibidas que los hombres o mujeres que trabajan en solitario, y que ésta tendría una clasificación “Outlayer” (fuera de rango), una categoría que pocas misiones en la historia han tenido y que significa que se sacrificaría lo que fuera necesario hasta lograr el objetivo. La misión había sido cuidadosamente planeada por Antonio, al tratarse de una organización sin cabeza era lo más cercano a un líder porque había estado desde antes de que ocurriera la primavera árabe. Una misión Outlayer fue alguna vez planeada de la misma forma con Litvinenko en el 2006 con polonio-210 y antes de él, la del Dr. Juan Cárdenas; cuando apenas se había formado el colectivo, ya había hecho irritar a más de un personaje con la despectiva manera en que se dirigía a sus pacientes pero que concordaba con la soberbia de los médicos de entonces, quienes se disputaban la competencia con clérigos por otorgar alivio durante el florecimiento del morbus gallicus. La orden no se supo nunca de donde vino o porqué, pero se ejecutó eficazmente en 1609 con adelfa. 

Al momento de entrar al colectivo siempre tenían en mente que alguna vez una misión así les sería asignada y que todos tenían un paso breve por la tierra por lo que antes de ejecutar una Outlayer, era común que guardaran en el bolsillo de su pecho un papel a manera de recordatorio con la frase sic transit gloria mundo, una manera eficaz de decirle a su víctima lo efímero de la victoria sobre la venganza y a su vez la fecha de caducidad de sus victimarios. Esa frase tenía un significado aún más profundo para Antonio, esto significaba el fin de su tránsito por el colectivo y su oportunidad de huida. Aunque las instrucciones eran claras, su objetivo era sobrevivir y desaparecer del radar. Esa noche se había adelantado una hora antes de la cita, creyó que debido a la hora el lugar se encontraría solo y tendría una ventana de tiempo para planear la ruta más segura mientras se ejecutaba el plan; al principio sintió como el corazón se le paralizaba cuando una figura femenina había aparecido sobre la orilla del puerto, pensó que tratándose de su compañera, si esta se había enterado de sus intenciones, ese día era seguro que estaría caminando hacia su muerte, pero tras acercarse con precaución notó que el parecido había sido solo un juego sucio de sus nervios. La que estaba allí le era familiar porque la había estado siguiendo durante las investigaciones contra su víctima, ella era Luz, una residente de medicina que recientemente había estado saliendo con el objetivo, un urgenciólogo del turno vespertino. A decir verdad, si ella resultaba herida en el proceso era algo que estaba previsto y que no representaría ningún problema. Era raro que de repente se hubiera salido de su rutina y hubiera aparecido de la nada en el punto de encuentro; su profesión desde el principio siempre le hizo dudar de todo y de todos creando un abominable síndrome de “trust issues”, pero el hecho de que ella estuviera ahí y no con el objetivo le generaba un extraño alivio, quizás porque la imagen de ella bajo las nubes y la luna de octubre, frente a la oscuridad del mar, le recordaban los personajes solitarios de los videos lo-fi; era hipnótico y aunque solo intercambió un par de palabras con ella, fue más que notorio que sus ojos la observaban y también la incomodaban, ella tal vez no era tan importante pero era muzak. Tras cortarse la conversación dejó su papel perfectamente doblado bajo el relieve de los cabellos metálicos de la sirena, sacó su celular y tras observarlo brevemente lo tiró al mar. El tiempo estaba contado, faltaban 5 minutos para el encuentro. 


La verdadera muerte de un alcohólico

 La verdadera muerte de un alcohólico



"Spinetta nunca se enteró que Cerati no despertó y Cerati nunca se enteró que Spinetta murió".

Anónimo

Prólogo

        Se encontraba presionada boca abajo contra la cama, la desesperación y la asfixia a la que estaba siendo sometida hacía que se le nublara la vista de momentos, pero sabía que no moriría, todo era para intimidarla. Hacía tiempo que había desistido de empujar y de intentar zafarse porque finalmente siempre terminaba sujetándole las manos por encima de la cabeza y bajándole los pantalones hasta abajo de las rodillas, entre más luchaba por zafar las manos y pegarle en el rostro, más fuerza utilizaba lastimándole las muñecas y sentándose sobre ella; la furia de él aumentaba a tal grado que la lastimaba más si luchaba que si no hacía nada. Por lo que solo optó en esta ocasión por dejar que pasaran las cosas y que hiciera lo que tuviera que hacer. Se encontraba despierta, pero cerraba los ojos para no ver nada, incluso para fingir que era sólo un sueño, la boca le sabía amarga, el olor era de cerveza tal vez, y sólo podía distinguir una tenue luz que se filtraba por las pesadas cortinas que colgaban de la salida exterior en el segundo piso. En ocasiones su consciencia figuraba muchas ideas sobre muerte, la muerte de ella, la de él, la de su familia; de pronto el sonido de unos pasos hizo que se detuviera de empujarla contra la cama, guardo silencio y cubrió con su mano derecha la pequeña boca de la niña de 5 años. Los pasos se detuvieron frente a la puerta y sintió la mano casi romperle la quijada de un apretón, quería silenciarla a toda costa, hubo una pausa indefinida donde ninguno de los dos se movió.

Le picaba la nariz, giro su cabeza para poderse rascar con la almohada. Sudaba y la habitación se había tornado sofocante. Tenía miedo porque en ocasiones sentía que la mataría, pero nunca terminaba haciéndolo y la ira juntada en la garganta formaba un nudo y una sensación de estallamiento de sesos. Por mucho que se fugara mentalmente para pasar el tiempo y olvidar su situación, un llanto profundo empezaba a aflorar desde su pecho; las lágrimas se acumulaban en la almohada hasta mezclarse con el sudor y formar una especie de humedad que se podía sentir en el ambiente, y cada vez que exhalaba en llanto era como inundarse de oscuridad, auto-desprecio y veneno. La única forma en que ella sentía que podía evadir esa sensación

Se había convertido en una actitud semanal esperar con el carro cerrado mientras contemplaba la doble entrada a la casa de la abuela. Sabía que si se metía sería humillada nuevamente.

Capítulo 1 Sirenas



Había cumplido 27 años cuando se dio cuenta de que la sirena de Calsberg Helsingor no estaba sola; esa noche sería la cuarta noche que llevaba sin dormir, estaba soñando que varias voces hablaban a través de las paredes y una sombra oscura se ceñía sobre uno de los asientos de la habitación, era alta, no tenía rostro y surgía casi mimetizándose de la esquina del cuarto, fue al despertarse cuando decidió prender las luces de navidad que había colocado estratégicamente para estos casos en que las pesadillas no la dejaban dormir, pudiera ser que el color rojo de la habitación pareciera sintonizarse más con una noche de ritual, pero era una luz a final de cuenta tenue. Se sentó sobre la cama de la habitación, miró hacia la ventana el reflejo de las luces de la ambulancia que acaba de llegar y se acordó entonces de Copenhague; había un lugar que siempre había visto en la portada de las primeras canciones de Vetusta Morla cuyo puerto tenía una sirena, se sentía demasiado alterada y su primer pensamiento fue que tal vez podría tomar un paseo para verla de noche. La sirena era un homenaje a la del cuento de hadas de  Has Christian Andersen, pensaba que la versión de Disney lucía tan patética comparada con la historia original donde su protagonista, que siendo traicionada por su amado, terminó convirtiéndose en espuma; la sirena se encontraba frente a un cúmulo de rocas que recibían la brisa marina del báltico, no recordaba exactamente de qué estaba hecha solo sabía que este año cumpliría un siglo de haberse fabricado, y que solo había viajado una vez a Shanghái.

Todo parecía callado en el momento que ella fijaba la mirada hacia la espalda de la sirena y hubiera permanecido más tiempo de pie frente al muelle de no ser porque dando tumbos se acercaba un hombre con una gabardina marrón hacia la estatua; para ser alguien que podría aparentar ser cualquier persona, era instintivo en ella siempre mantener la guardia arriba, incluso si eran tan inofensivos como un hombre gordito de lentes con una boina de prominentes entradas. Por un instante sintió que el hombre se le aba-lanzaría encima y estaba preparada para soltar una patada “pi chagüi” y correr, cuando notó que solo se había acercado a la orilla para mirar de cerca la quimera marina. Bajó la guardia y se limitó a observar.

No está sola.

¿Cómo?

Pasaron casi 100 años, pero tiene un compañero y, es bueno ¿sabes?, ha pasado demasiadas vejaciones, yo digo que por vieja o por ser estatua, pero desde que se instaló en 1913 los Carlsberg la cedieron para ser un icono de la ciudad. La han decapitado dos veces, le han amputado un brazo, y la han pintado de tantos colores como no imaginas, con todo y las generaciones que se han movido a lo largo del tiempo ha portado desde un burka – cuando fue el tiempo de las protestas contra la entrada de Turquía a la unión europea- hasta una gabardina blanca como las del Ku Klux Klan. La sirena representa muchas cosas para muchas personas, pero solo parece que para nosotros importa, ni siquiera los turistas se sienten tan emocionados de verla.

Suena a una mala fortuna. ¿a qué se refiere con que tiene compañero?

Han. Han es su compañero inoxidable, pero a diferencia de ella, el no quedó petrificado ni desdeñado, por el contrario, su aleación de metales le permite que su superficie sea como un espejo por lo que llama mucho la atención, pero además tiene un mecanismo hidráulico que le permite esporádicamente parpadear. Por eso te digo no sé si es por ser vieja o ser estatua.

Luz había empezado a notar que los ojos vidriosos del hombre la contemplaban con una intensidad más profunda que con la que miraba la sirena y que estos eran demasiado obscuros. Prefirió no voltear e ignorar la mirada hasta que percibió que había dejado de observarla.

Con permiso.

Propio.

Se sintió preocupada cuando vio que el hombre se dirigía a la estatua, se acercó a las rocas que la rodeaban y aunque al principio temió que se fuera a resbalar y ahogar, notó que solamente acarició una nalga de la pisciforme, se le figuró una escena obscena y graciosa puesto que estaban hablando de las vejaciones sufridas por la estatua, cuando ni siquiera había tomado en cuenta que también la estatua es fotografiada, tocada y asediada por tantas personas que de tener mirada bien esculpida seguramente sería con el mismo ceño que posee su contraparte Medusa. Se fastidió pronto porque su soledad había sido interrumpida y el frío se le había metido hasta los dedos de los pies, por lo que hubiera decidido volver a casa, de no ser porque notó que él había escondido algo debajo de uno de los huecos que formaban el cabello metálico de la sirena.