“En lugar de simplificar tu alma, tendrás que acoger cada vez más mundo con tu alma dolorosamente ensanchada.”
Lobo estepario – Herman Hesse
El exilio
Encuentro intrincado y al mismo tiempo tan sencillo imaginar cosas, pero una vez que suceden me es imposible despegar los ojos de la fantasía a la realidad, o que la realidad no se sienta como un sueño se vuelve cada día más complicado.
En mayo del 2017 me exiliaron, nunca había hecho algo tan malo; conozco múltiples historias de personas que vomitan a sus madres, que golpean a sus padres, que viven dando tumbos saliendo de una fiesta y volviendo a la misma fiesta sin acordarse de que estaban ahí, historias de carros manejados por ebrios lanzados al río y de personas que manejan mal y chocan hasta 5 veces en un año. Las historias que escucho que incluyen a personas golpeadas o cercenadas y otros que viven las infidelidades de sus padres y siguen ahí sin comprender porque no se separan. Lo que yo hice fue tener relaciones y ser atrapada por mis padres a mis 26 años, lo cual incluye mencionar que no fue en el acto, pero tenían maneras para sospechar. Cuando se dieron cuenta sabía perfectamente que sería mi fin, sabía dentro de mí que esa tarde después de trabajar estaría más pronto alistando mis maletas y tendría que buscar donde caer. Tenía noción de algunas casas que me quedaban cerca de mi trabajo (en ese tiempo ni siquiera tenía carro propio) y pensaba en un sitio que me permitiera llegar en un tramo corto a mi trabajo y que no supusiera un peligro grande para mí, de preferencia con un compañero. Cuando llegué esa tarde ni siquiera pude consultar a los pacientes (ninguno llegó tampoco porque no me iba bien en ese entonces ni había alcanzado popularidad), estaba preocupada pero en mi orgullo y necedad no quise agachar la cabeza y admitir que me había equivocado, que había tomado malas decisiones y que posiblemente mis decisiones demeritaban año con año mi “valor como persona”, yo lo sabía pero al mismo tiempo me resistía a esa idea pobre y sin sentido sobre el valor de las cosas. Todo transcurrió de manera casi utópica, me habían invitado a cenar a Wendy’s y en cierta forma lucían sonrientes y calmados - ¿quién carajos sonríe cuando se va a deshacer de su hija y la va a lanzar a la calle? - pienso que se debía a que ese sería mi castigo y que regresaría arrepentida de mis acciones, lo cual no pasó. De la nada mi padre me dice que tomaron en cuenta mi petición de irme de la casa y que si estaba lista para empacar mis cosas, dije que sí incluso si realmente no estaba lista, pero en la tarde resonaban en mi cabeza una y otra vez las palabras de mi madre “prostituta, golfa, nadie te va a querer ni a respetar” y esa sonrisa me confirmaba simplemente que lo que pensaban mis padres de mí era que no importaba si había tenido calificaciones perfectas siempre, si había acabado mi licenciatura en medicina, que había publicado en libros o revistas, no importaba si desde niña era autónoma y me valía por mi misma para lograr mis trabajos y pasar los exámenes en tiempo y forma. Todo lo que importó era que ya no era “pura”; mi novio de entonces tampoco era una promesa, lo conocí en el servicio social, alguien que de principio me cayó mal porque no ponía atención a la clase introductoria, alguien que se rodeaba de varias mujeres así fueran menores de edad, y que se metía sin problema con varias personas incluso si ellas tenían hijos o pareja.
Nuestra relación cursó de principio como amigos, lo visitaba y el me visitaba pues nuestros pueblos estaban a 5 km de distancia en carretera y era una manera de pasar el rato y deshacerme de mi depresión por estar sola y lejos de mi familia. Las circunstancias y el tiempo nos juntaron de alguna forma, no sé sinceramente que vio en mí, porque de principio nunca fui su tipo. El opinaba de mi que estaba gordita y que por todas las cosas que le había contado que yo no era apta como su pareja – aunque estoy segura de que si le preguntan si dijo eso lo negaría, ya que nunca asume la responsabilidad de las cosas que dice y encima es tan distraído que no se acuerda-. Adelgacé, me dedicaba a realizar Insanity por las mañanas, comer 700 kcal y jugar softball por las tardes, sí tomaba como marinero, hablaba a veces como marinero y fumaba como si fuera farola, pero estaba en un punto de mi vida en que me sentía muy perdida y no había atendido ni siquiera mis problemas para enfrentarme a estos cambios. De alguna manera se sintió atraído a mí y terminamos juntos no sin antes recordarme que no éramos nada (tenía esa idea de cero compromisos y satanizado el matrimonio). Las chicas del pueblo seguían enviándole mensajes a su celular y en una fiesta terminó saliendo con una enfermera frente a mi cara, ¿habría tenido yo palabra para reclamar a alguien que no era nada mío? Probablemente no, pero cuando quieres a alguien sucede que no buscas su sufrimiento. Ese día lloré hasta el amanecer en silencio en otra parte de la clínica donde nos quedábamos. El tiempo avanzó y vi en él atisbos de arrepentimiento y lo veía como quiere uno ver a las personas al principio: como un hombre honesto, gracioso, justo y cariñoso. Con el tiempo la amistad había reafirmado algunas cosas y entre ellas que lo quería mucho, que quería estar de su lado, apoyarlo, no dejar que se aprovecharan de él y hacerlo sentir que yo no me atrevería a hacerle daño o dejarlo sin motivo. Mis metas de por medio estaban planteadas desde el principio, yo quería una familia y una vida para siempre con alguien y su respuesta se resumía en “si estás conmigo por el matrimonio olvídate de mí” tal vez estaba muy ilusionada y por ello nunca razoné que esa fue la advertencia de toda su vida, pero sin duda había cortado mis alas desde el principio y aunque yo le decía que mejor terminara él la relación siempre había una frase anticipada de “pero las cosas pueden cambiar o te amo aunque no piense en esas cosas”, ¿qué clase de decisiones toma una persona que confía en su pareja y su palabra?. Tuvimos relaciones y posteriormente surgió el aprecio y la admiración mutua con el tiempo. Y cuando mis padres se dieron cuenta de ello y estaba alistando mis cosas en bolsas de basura sentía un profundo miedo, esto significaba un problema mío donde la responsabilidad era compartida, pero al final de cuentas mío, ¿cómo podría irme con él si él no quería ningún tipo de responsabilidad conmigo? Contacté con una amiga preguntando por un apartamento y ese mismo ya lo habían arrendado por lo que no estaba disponible, no tuve otro remedio que pedirle ayuda para que sus amigos me aceptaran como compañera. En menos de una hora mis cosas estaban arriba del carro y al llegar al lugar más alejado me dejaron en la casa y mis cosas en la banqueta sin despedirse. Fue eso doloroso a tal grado que empecé a escalar odios y resentimientos, a tal grado que me sentí en el completo abandono sin poder contar con nadie porque en realidad no conocía muy bien a mis compañeros. El tiempo pasó y visitaba a mis padres remotamente una vez al mes si mucho, no compartía con ellos nada personal y permanecía con mis roomates o la familia de mi novio. Hubo altas y bajas en nuestra relación, pero no había sido igual a ninguna otra relación que hubiera tenido, en otras circunstancias tal vez no hubiera accedido a tanto como por ejemplo participar en eventos de su familia, viajar con ellos o interactuar a tal punto de conseguirles medicamentos o ayudarles, no hubiera querido presenciar los conflictos en su casa o ser tan tolerante y paciente, aunque sus amigos fueran groseros. Si no hubiera sentido el profundo cariño que le brindé desde el principio no habría dejado pasar tantas cosas ni habría aceptado haber hecho muchas de ellas. Ahora no imagino que podría estar haciendo ahora o como podría salir de esta situación.
La desintegración
Es muy difícil y habría que decir que he vivido peores, que he sobrevivido a muchas cosas y a pesar de todo seguía viva, trabajando y estudiando, buscando solo hacer lo mejor que pudiera sin que nada me detuviera. Ahora es distinto, ni siquiera es desesperación o tristeza total, puede que incluso sea solo la decepción o el abandono que vuelvo a experimentar. No imagino como puedo continuar porque, aunque he cambiado y mejorado como persona y entregado siempre lo mejor a pesar de los problemas, aún así me quede sola al lado de una persona que me pregunta si estoy bien al mismo tiempo que afirma que la decisión de romper era la mejor decisión que podía tomar. ¿Podrían por un momento imaginar vivir por 3 años con alguien, querer aprender a cocinar para entregarle algo por las tardes que llega hambriento de trabajar, apoyar a su familia y amigos en todo momento, ser la primera en no dejarlo morir y ser la única cuya presencia le alegraba el día con solo estar? ¿podrían ustedes pensar que se acuestan y duermen con alguien cuya presencia, aunque te dé la espalda, te da tranquilidad y que tu deseo es volver a despertar rápido para poder ver su cara?, ahora que me acuesto sola, que está oscuro y que él no puede decirme ni buenas noches ni acercarse a despedirse, siento que quiero dormir pronto para evitar sentir lo que siento, y que no quiero despertar porque será otro día largo donde pasará a ignorarme, a hacer otras cosas y a decirme lo contento que está ahora que no estamos juntos, todo eso aunque yo lo siga queriendo. Ni siquiera fue que él fuera mala persona, siempre tenía claro lo que quería, pero siento injusto que me hiciera que permaneciera ahí con sus palabras diciéndome cuan importante era para el y que mi presencia en su vida era esencial, cuando lo mejor era que desde el principio no fuéramos nada. Es como estar un funeral día tras día mientras lo veo tratándome como extraña, incluso como si no estuviera ahí, y que cuando hable con él me muestre lo contento que está, mientras mi corazón aún no puede superarlo, no puede dejarlo ir y definitivamente mientras no dejo de llorar día tras día preguntándome si de verdad soy insoportable, poco apta o que no soy material para nadie. No sé exactamente que pensar porque los días son iguales, y no tengo nada que me estimule a ser mejor persona o a volver a dar tanto por alguien, sacrificar tanto por alguien que no tenía ya planes para mí. Sus amigos podrían llamarme loca pero nunca estuvieron en mi posición y si lo estuvieron ya lo superaron porque tenían quien los apoyara siempre. Yo me quedé sin familia, sin amigos y sin nadie que pensara bien de mí. Seré la villana del cuento porque estaba bien que el se sintiera ofendido o se enojara, pero no estaba bien si yo le pedía que dejara su teléfono de lado o que pusiera un poco de atención si teníamos una salida juntos, estaba mal si yo proponía los planes, y para eso siempre había una excusa, pero si alguien más proponía algo similar no había ni un pero. Estaba mal que yo le pidiera consideración porque inmediatamente le seguían palabras despectivas como “exagerada” y “loca” cuando no tenía nada de locura lo que sentía, que me desplazaba siempre por alguien más, los planes de alguien más, las ideas de alguien más y todo mundo tenía cabida en nuestra relación menos mi voz. Decirle lo que estaba mal siempre iba de su respuesta defensiva y cosas que el nunca quiso arreglar. Invertí cerca de 10 mil pesos reparando mis problemas para ser mejor y que nadie pudiera decirme que no valía la pena, para poder ser agradable pero nunca vi que el invirtiera algún tipo de esfuerzo para reparar su miedo al matrimonio, para dejar la actitud inmadura de cero compromisos o si quiera para comprender que lo que hacía me hacía sufrir, ya que sus principales contestaciones siempre fueron “no creo en el matrimonio porque el de mis padres fracasó y no quiero pasar por lo que ellos pasaron” “no quiero ir a terapia porque los psicólogos no pueden ayudarme” “no debería cambiar porque así crecí y si alguien se siente mal por lo que hago o digo es responsabilidad de esa persona por sentirse así”, con todo eso siempre había una excusa y siempre venía acompañada de palabras bonitas que ahora no tienen ningún sentido pero excusaban perfectamente su actuar. Las cosas se terminaron porque teníamos esa pelea constante donde yo reclamaba su atención y el no era capaz de otorgármela y cuando lo confrontaba al ser tachada de exagerada o loca no hacía si no exacerbar el problema hasta el punto donde mi corazón no lo resistía y estallaba en llanto y enojo. Desde el punto de vista va a decir que ni siquiera sabía porque peleábamos, solo que peleábamos mucho y por eso no podíamos seguir juntos. Ahora que terminó, mi segundo paso sería arreglar mis problemas, pero no pienso dar nada que no quiera dar, ni hacer sacrificios por nadie hasta que dentro de 5 años haya demostrado valer la pena, hasta que demuestre que es exitoso y apto para mí, y no poner el bienestar de nadie por encima de mí. Sería mudarme de la casa, desaparecer de su vida y no complacerlo ni siquiera con mi amistad, ya que ningún amigo me ha hecho llorar así en la vida como él, y eso no es amistad.
¿Qué me quedó ahora? Me quedaron algunas anécdotas e historias de supervivencia; a veces pienso que era libre como lo era el aire dentro de las aspas de un ventilador en nuestro cuarto, que miraba los cultivos pensando que esta calma permanecería siempre como cuando nos subimos al camión de transporte y el ocaso rellenaba los huecos de oscuridad y de amarillo, y que las noches podían seguir en la eternidad, pero ahora no lloramos, ahora nos emborrachamos.
El río
Mis historias nos llevan desde una noche donde condujo ebrio después de una boda en la que se bebió sus tragos y los míos para posteriormente terminar chocando el carro contra la reja de un vecino y hundiéndolo en el río del pueblo, dijo - ¡No te tomes eso, te quieren violar! - y como agua fluyó por su garganta el ron. Un examigo - Alex- nos acompañaba, pero ni a él ni a mí nos soltó el carro, tras atravesar el riachuelo el carro quedó enterrado en la pendiente del río con el agua fluyendo hacia el motor, nuestra esperanza era que no lo apagara para sacarlo con algunas ramas en reversa, pero lo apagó y acto seguido se durmió. Lo acostamos como bulto de cemento en el asiento del copiloto y salimos por las puertas traseras que aún no se habían inundado. Alex se quedó conmigo toda la noche mientras buscábamos ayuda. Él y yo en medio de la nada a las 2 de la mañana figurábamos las rutas que podíamos tomar, prácticamente había dos caminos: uno muy oscuro que no parecía llevar a ninguna parte y la parte del riachuelo que cruzamos previamente. Quise correr en sentido a la oscuridad para ver si habría más calles adelante pero en cuanto escuche a los perros quise retroceder, el suelo se encontraba húmedo por la lluvia y con el vestido negro de la boda, las medias y los tacones terminé cayendo en cámara lenta hacia el fango, Alex se acercó a levantarme y juntos decidimos cruzar el río con el agua cubriendo la mitad de nuestro cuerpo; pensaba “si el río nos tuviera que arrastrar era más seguro si nos sujetábamos y que nos arrastrara a los dos”. Cruzamos sin problema con el frío de la corriente y logramos llegar a carretera donde pedimos auxilio, me puse mis Converse (siempre los llevaba por si me cansaba los pies en la fiesta) y me puse a correr con una lampara en la mano tratando de hacer señales. Creo que al mismo tiempo fue emocionante a pesar de la dificultad de la situación porque esos sueños densos donde corres en la madrugada con vestido corto sintiendo la brisa del bosque es algo que no ocurre dos veces en la vida. Finalmente, nuestra aliada del pueblo – una amiga de mi ahora exnovio- logró vernos y traer un vehículo para remolcarnos, su primera expresión fue “cómo le hicieron para cruzar este riachuelo y no pudieron salir de ese otro que es menos profundo”, la verdad es que no sabíamos, pero el carro estaba atascado en su totalidad. Cuando llegamos a rescatarlo él ya había despertado y estaba haciendo llamadas con preocupación a nuestra aliada, creyó que lo habíamos dejado solo. La noche siguió más tranquila hacia las 4 de la mañana que ya lo habíamos acostado y que yo me encontraba en la regadera con el vestido negro lleno de fango y las medias rotas pensando en todo lo que acababa de pasar. Si se preguntan si el carro volvió a funcionar puedo decirles que todavía anda desde hace 2 años.
Colofón
Otras de nuestras anécdotas nos llevan a una fiesta trampa de una enfermera donde aparece King Pérez y donde se ubica la cronología de Los senderistas en ese orden. Finalmente la vida nos dio mucho, muchas oportunidades de hacer las cosas mejor, habiendo sobrevivido una masacre, un incendio, un exilio, un invierno muy duro, una primavera en la playa, un verano traicionero y dos intentos de suicidio, lo que acabó con nosotros fue un simple post de Facebook. ¿Porqué? Me imagino porque las cosas suelen encajar perfectamente y de repente se descuadran de tal manera que no vuelven a ser igual y se convierten en un descenso hacia el desenlace de una relación. Existen en mi haber un juego de tenis con un pelotazo en el ojo, intentar aprender tae kwon do, una katana de madera, un patín del diablo, algunas fiestas de disfraces, algunos cumpleaños felices otros no, y navidades viendo luces y envoltorios, pocos 14 de febrero, y muy de vez en cuando una salida a comer solos. Era una relación tan grande donde todos cabían bien y donde yo nunca encajé.




No hay comentarios:
Publicar un comentario