Para: Barco a la deriva."El surrealismo descansa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación no tenidas en cuenta hasta hoy, en la omnipotencia del sueño, en el proceso desinteresado del pensamiento".André Bretón, 1924, Manifiesto Surrealista.
Hace un par de semanas me encontraba al fondo de la fiesta, recargada en la pared junto a una leyenda que apodamos "King Pérez", King por propia autodenominación del soberano y Pérez por derecho a nacimiento; tratar de explicar el fenómeno de este personaje es como remontarse a la biografía del primero en su tipo que fue Tito Larcio. Un personaje que cree en la justicia pero que habla con vileza; que cree en la rectitud pero secretamente elucubra la peor de las venganzas a los miles de enemigos que forman las filas Antiking, dirá como tenga que decir las cosas de manera áspera pero con respecto a sus amigos muchas de las veces se esconderá en el mutismo.
Anacoreta por excelencia, ser presuntamente asexual, y objeto de experimentos farmacológicos en aquellos tiempos del hospital; fue el principal protagonista de un Blackout maratónico a causa de una combinación de medicamentos con metilfenidato. Y ahora se encontraba a mi lado tomando con mucho recelo un vaso de soda mientras fumaba Marlboro Rubí, y mientras veíamos con cierto desagrado un beso broche con "lucha de lenguas" entre una enfermera y el hombre que me había estado gustando recientemente; la incomodidad y la pequeña risa nerviosa que salía de King era comparable al dolor que yo intentaba esconder mientras los veía y mientras intentaba mantenerme sonriente y callada. Durante toda la noche los observé servirse vaso tras vaso de Miel de Agave, mientras King y yo permanecíamos un rato en el frío para no incomodar con el humo, y cada minuto que pasaba era un minuto más intolerable. Los besos, las risas, las caricias bajo la mesa, ella metiendo condones en la bolsa de su chamarra y la reiterada y nauseabunda plática de una muchacha que a estas alturas ya debía ser historia, hicieron de esa noche toda la escena de una película de David Lynch. En aquel momento King había manifestado que se iría de vuelta a la clínica para ir al baño, pero conociéndolo sé que solo buscaba apartarse tanto como yo, cuando pasó el tiempo y vi que no regresaba empecé a enviarle mensajes para que tan solo viniera por mí; a ambos nos parecería normal si nuestro compañero se quedaba a pasar la noche con la enfermera así que estábamos de acuerdo en abandonarlo e irnos a dormir.
Me subí al carro junto con él y le dije que nos fuéramos, sin problema accedió; el código a veces dicta en ciertos casos que si tu amigo tendrá suerte esa noche que se le deje solo, pero me llegué a sentir culpable pues nos había dicho que no deseaba estar con ella, apenas dado la vuelta le pedí que regresáramos por él, y aunque se molestaran en la fiesta que lo sacáramos de ahí. King hizo todo el favor y lo subió al carro.
Estuvo llorando, pateando las puertas, llevándose las manos a la cabeza y gritando que lo sentía y que no quería estar con ella, insistiendo en que nos largáramos del lugar. Toda la travesía del carro a la clínica fue la famosa interpretación de las tres caídas de Cristo hasta que lo llevamos a su cama.
Pasé el resto de la noche desde la una de la mañana hasta las seis llorando sentada en una de las bancas con las rodillas en el pecho pensando en que yo realmente no importaba y ahora que lo pienso más bien conmovida por tener encima Miel de agave y Passport; nunca fue nada serio y de inicio se estableció así, eso fue algo que recordé y comprendí durante esa noche, así como también la aberración de mis padres, así como también todas las diferencias y particularmente las cosas que también me desagradaban de él, por lo que al final de todas esas horas establecí que lo más cuerdo era su amistad como de inicio.
Pienso, o quisiera pensar que si buscara a alguien quisiera no hablarle sobre mi pasado -me avergüenza sobremanera-, no decirle sobre parejas anteriores, no decirle sobre todas aquellas cosas que me hirieron y me hicieron lo que soy ahora pero al mismo tiempo quisiera que alguien no viera a mi pasado como mi defecto, sino todo lo que he logrado a partir de entonces; ¿merezco algo bueno para mí? siento que sí, siento que es mi derecho sí, vivir experiencias y equivocarme pero terminar siendo feliz un domingo por la tarde en pijama viendo Netflix con la persona que más me haya podido amar y por ello, sospecho, que ya la había conocido antes de los 25 años y no sería otro sino el héroe de otoño, pero mi miedo a dar el siguiente paso y aventurarme al extranjero me detienen justo aquí mientras veo un beso que no deseo ver de un barco a la deriva con una enfermera de cascos ligeros.
Espero que nada de este confesionario sea leído hasta que pase el tiempo como para reírnos de esto.
Atentamente: Tu amiga bato.


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