Ausencia de Dios
"Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote."
Mario Benedetti.
No puedo escupir al cielo, ni a nadie,
no puedo decirles el odio que me crece,
ni la desdicha que me nace,
ni siquiera el silencio que me sigue
detrás de las miradas evasivas.
Muchas veces dije no-me-olvides
y otras muchas soledades fingí ser cordero,
y parecía un muro hablándole al frío,
un perro negro hablándole al suelo
ahogándome en la pesadilla que me nutre.
No hay consciencia tras la muerte,
pero comprendo con precaución
que en aquella muerte cobarde
encuentro sólo ruido, sólo lágrimas,
sólo un sudor imperdonable.
Otra vez,
y vuelvo a erguirme para que me peguen,
y vuelvo a erguirme para que me peguen,
sintiendo como las uñas me crecen
apretujadas contra mi carne llena de coraje,
me crece una sustancia negra asfalto.
Y veo como tiembla la ventana de frío,
como tiembla mi mandíbula callada,
la ansiedad se hace tráfico y delirio,
pero es un dolor que tu no sientes,
es una muerte que no estará donde estés.
Me salen piedras de los ojos,
hábito que no me habita, ni me piensa,
no me sueña, ni se acerca un tanto
para ver como tiemblo bajo la cama,
para ver que ya ni siquiera tiemblo.

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