Primer paraje

Burroughs dijo una vez que no se habría convertido en escritor de no ser por la muerte accidental de Joan Vollmer, misma que él le provocase después de una subida de metadona el 6 de septiembre de 1951 en la ciudad de México; dos años después publicó "Yonqui". Una noche helada de 1910 el autor de Ana Karenina salió de su casa sin dar explicaciones; abordó un tren al azar hasta llegar a Astápovo, donde murió de hipotermia en una cabaña de guardafrenos. Paul Celan escribió "la poesía es una especie de regreso a casa", una noche de abril de 1970 se dirigió hacia el puente Mirabeau, a los costados se erigían los tenderetes verdes de los vendedores de libros viejos, el río Sena fue el último nicho de descanso después de suicidarse.

domingo, 28 de junio de 2015

Antiapoteosis del autor


El día que yo nací había una brisa fría rondando hacia el medio día de un 30 de mayo en el último año de la generación "Y", si habría muchas vivencias no he de contarlas todas por vergüenza al termino momento; empecé a escribir porque es de vital importancia decir con hipérboles, metáforas, y otras ánforas llenas de epítetos sobre lo que es existir. Sobre lo que vivir habría significado. Sobre lo que muchos expedicionarios tratan de definir como suerte, felicidad, amor y esas promesas criotemporales.
Abrí los ojos por primera vez en medio del desierto, y hoy estudio sobre la vida, la enfermedad y la muerte; soy una falsa optimista, una contradicción andante, bisexual sin suerte, depresiva subversiva, una mente distópica, la oyente silenciosa, suicida de closet, me nutro de la vena negra, mi memoria es una isla intermitente, tan austera y mítica ya que probablemente se perdió hace muchos años y nadie sabe de su paradero, tengo obsesión por los daguerrotipos y otros estilos de fotografía, el té, la cafeína, la tierra húmeda, Vetusta Morla, las aves, las miradas, un mejor amigo enfermero, un cantautor paseño de alta estatura, un poeta de Monterrey, la dama blanca, los poetas oscuros y los escritores malditos. Literalmente no sueño - no me acuerdo- o al menos no lo hago a menudo y escribo porque no hay otras formas efectivas de huir.
Mis métodos están en desuso, este es mi espacio y mi tiempo pero esta no soy yo.



Trasguerra


Anoche soñé con que tenía ventitrés años,
la guerra se había trastornado sutilmente,
las noches pasaron por travesaños
hechos de todos los juegos de la mente.

Anoche podía observar detrás de las casas,
un desierto que invitaba a la muerte,
el sonido de la ciudad vigilaba 
y en la radio hablaba un locutor ocurrente.

Pareciera que han acabado todas las esperas,
la edad para beber, la edad para saber,
la edad para andar en ruedas,
la edad para intentar fenecer.

No es ninguna edad, no después de la guerra,
se han apareado todos los pasados,
y el fruto de sus entrañas es como una niebla
gris, húmeda, fría, cubierta de paños enredados.

Cubro con mi palma de la mano la pantalla 
de un smartphone que no cesa de callar,
veo llena de seriedad por la ventana
cuantos años han pasado ya.

Anoche a las cuatro de la madrugada,
pensaba insistentemente en su huida,
en la rendición, en la inextricable jugada
que nos hace la vida a consciencia.

La belle époque en ciernes termina aquí,
no queda vanidad, no queda filosofía,
no quedan estudios, no existe el trabajo,
es sólo un túnel que habrá de durar diez años.

Ya me he quitado las gafas,
he roto los alambres de mis dientes,
he transformado mi rostro
por una desgana inerte.

No sé si quiero respirar o volar,
no sé si quiero beber o comer,
no sé el propósito de mis pasos
y besar ya me duele.

Encuentro apolilladas mis razones,
uso morosamente los filtros de café,
convertidos en bolsitas de té,
me rasco la cabeza con desazones,

Esas que se repiten una y otra vez,
no quiero huir de las ilusiones,
pero son prostitutas de retiro,
y no me ofrecen ningún placer.

Tras la guerra, la roca se ha desvanecido,
la tierra es fácil de romper,
la lluvia es amenazante cada vez
y en ella encuentro un fluvial delirio.

Anoche soñé que tenía ventitrés,
y detrás de las trincheras nictofóbicas,
esos deseos de salir corriendo lejos,
llenan mi corazón de invalidez.