El día que yo nací había una brisa fría rondando hacia el medio día de un 30 de mayo en el último año de la generación "Y", si habría muchas vivencias no he de contarlas todas por vergüenza al termino momento; empecé a escribir porque es de vital importancia decir con hipérboles, metáforas, y otras ánforas llenas de epítetos sobre lo que es existir. Sobre lo que vivir habría significado. Sobre lo que muchos expedicionarios tratan de definir como suerte, felicidad, amor y esas promesas criotemporales.
Abrí los ojos por primera vez en medio del desierto, y hoy estudio sobre la vida, la enfermedad y la muerte; soy una falsa optimista, una contradicción andante, bisexual sin suerte, depresiva subversiva, una mente distópica, la oyente silenciosa, suicida de closet, me nutro de la vena negra, mi memoria es una isla intermitente, tan austera y mítica ya que probablemente se perdió hace muchos años y nadie sabe de su paradero, tengo obsesión por los daguerrotipos y otros estilos de fotografía, el té, la cafeína, la tierra húmeda, Vetusta Morla, las aves, las miradas, un mejor amigo enfermero, un cantautor paseño de alta estatura, un poeta de Monterrey, la dama blanca, los poetas oscuros y los escritores malditos. Literalmente no sueño - no me acuerdo- o al menos no lo hago a menudo y escribo porque no hay otras formas efectivas de huir.
Mis métodos están en desuso, este es mi espacio y mi tiempo pero esta no soy yo.

