Primer paraje

Burroughs dijo una vez que no se habría convertido en escritor de no ser por la muerte accidental de Joan Vollmer, misma que él le provocase después de una subida de metadona el 6 de septiembre de 1951 en la ciudad de México; dos años después publicó "Yonqui". Una noche helada de 1910 el autor de Ana Karenina salió de su casa sin dar explicaciones; abordó un tren al azar hasta llegar a Astápovo, donde murió de hipotermia en una cabaña de guardafrenos. Paul Celan escribió "la poesía es una especie de regreso a casa", una noche de abril de 1970 se dirigió hacia el puente Mirabeau, a los costados se erigían los tenderetes verdes de los vendedores de libros viejos, el río Sena fue el último nicho de descanso después de suicidarse.

domingo, 26 de enero de 2020

Los senderistas

"El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen..."
El factor Dios - José Saramago



Comunicado

Juárez, noviembre de 2017
Lector(es).-

Hago cumplimiento de un encargo personal, se podría decir que una manera de llevar adelante mi vida, deshacerme de las fantasmagorías y emitir al mismo tiempo un informe sobre los antecedentes, los hechos y las consecuencias que tuvieron lugar en el municipio de Gómez Farías; es a la fecha lo que ocasionó la desaparición de un médico de la comunidad y probablemente de otros involucrados cuyas identidades no se han dado a conocer y con seguridad nunca se sabrán. Este informe está dividido en tres partes. La primera parte comprende de febrero de 2017 hasta noviembre del mismo año que representa los antecedentes de la misma jurisdicción y los acontecimientos suscitados en ese periodo de tiempo. Se reconstruye con la mayor objetividad permitida pero se queda corta porque sólo reúne lo que yo he visto y oído, no así como realmente haya pasado. Habla sobre el trabajo durante nuestra pasantía en el servicio social, la consulta diaria, el trato con pacientes, el itinerario promedio de nuestras actividades, incidencias durante nuestros recorridos y durante nuestra estancia en las distintas comunidades, el suceso mismo y los hechos inmediatos a este. Es un cómo fue. En la segunda parte - ¿Por qué fue?-  expone el contexto político, social, psicológico y no creo que histórico porque quedará en el olvido como mucho; pero que a mi juicio resulta imprescindible para comprender porque están las cosas así hoy en día y que ayuda a entender cabalmente porque nos hemos quedado en silencio.

La tercer parte habla sobre lo expuesto hasta hoy en día, las resoluciones emitidas por las distintas autoridades y que comprenden a nuestra máxima casa de estudios, las autoridades, a un periodista y político mexicano hoy en día activo, y finalmente a las personas ajenas de nuestra sociedad. Es mi deber subrayar sin embargo que las conclusiones son responsabilidad mía y de ningún modo han sido subrayadas por mis compañeros, mi familia, sus familias y nuestros amigos; cuyo apoyo moral como físico incluyendo la vocación de servicio de mis compañeros quedan agradecidos de manera pública.

El fin mismo como dije es un mero encargo personal, un encargo de consciencia como también esclarecer lo mejor posible el grado de certeza y convicción con el que nos sentimos diferidos de nuestro gobierno y la opinión pública, así como el grado de incertidumbre y duda en que nos encontramos sometidos. Si hubiera una manera corta de decirlo me sometería al amarillismo que ya de por sí repasa las páginas de los diarios locales - porque las noticias cortas, sin trasfondo, llenas de frases de espectacular son más fáciles de difundir en el vulgo- por ese motivo me dedico a escribir este prototipo de texto de varias páginas. Otra manera de interpretarlo o dividirlo sería por sus categorías: Convicción absoluta para los hechos fehacientes; convicción relativa, para hechos que a nuestro juicio son sólo probables o posibles y directamente obtenidos de extractos de conversaciones con nuestra jurisdicción y que sólo representan una pequeña parte de lo que realmente se piensa hacer con nosotros ya que en realidad adolecen en la oscuridad e inseguridad de sus afirmaciones; nada de eso ha podido ser confirmado por ellos ni corroborado por nosotros. Finalmente la convicción dudosa; para asuntos que permiten varias interpretaciones y que igualmente puestas fuera de contexto pueden ocasionar cierto favoritismo como el enconamiento de los trabajadores de salud y sus seres queridos y que con nuestros recursos y esfuerzo no podemos comprobar, rectificar o descartar. 



CÓMO FUE
1.- Antecedentes
Organismos responsables:
Secretaría de salud
Subsecretaría de integración y desarrollo del sector salud
Dirección general de calidad y educación en salud
Dirección de procesos normativos en salud
Programa nacional de servicio social

El 13 de enero de 2017 se nos otorgó una constancia de adscripción y aceptación que incluye - a nivel federal- un comprobante donde dice cuál es nuestra unidad de adscripción, la localidad, el municipio y la jurisdicción a la que pertenece, menciona el tipo de unidad que en nuestro caso es una unidad rural de núcleo básico con una beca a cargo de la federación -¿cuál?- con mi tipo de campo clínico que en este caso es ¨A¨ y me corresponde por salario 1000.00 MXN por quincena. En algún momento se nos mencionó una ayuda económica por parte de presidencia del municipio pero nunca se nos otorgó muy a pesar de nuestras peticiones debido a cuestiones administrativas y oposiciones entre quienes laboran en este sector por lo cual el dinero fue diferido para ser otorgado a los residentes de especialidad - tienen un salario diferente al nuestro y correspondiente a su rango- del cual sin embargo no pudieron hacer disfrute. A los pocos meses de iniciado el servicio se marcharon debido a que algunos integrantes del crimen organizado entraron a las instalaciones del Hospital Integral Gómez Farías para llevarse un paciente y el cirujano que lo atendía se vio involucrado en medio de eso; ante la falta de seguridad decidieron marcharse y nos quedamos sin especialidades en el hospital, por lo que durante los meses siguientes estuvimos enviando a nuestros pacientes saturando por infortunio a los hospitales de Cuauhtémoc y Chihuahua que son las dependencias más cercanas para nuestros pacientes. Por lo que el dinero que sería destinado para ellos finalmente no fue a parar a ningún lado. Los primeros tres meses fueron difíciles ya que no estábamos recibiendo pago alguno y debido a que aún seguíamos acomodándonos algunos tenían que pagar renta ya que la unidad a la que fueron enviados no tenía cuarto de médico donde alojarse, algunos otros solicitaron su cambio de manera oportuna debido a cuestiones personales y otros más estaban siendo acomodados en otras unidades para cubrir la deficiencia de médicos y atender la carga diaria de la población circulante. La comida tanto como la gasolina es 130% más cara que en nuestra ciudad de origen. Ir a comprar en el mercado más barato supone ese precio así como la gasolina que se encontraba flotando los 16.50 pesos aproximadamente -nunca fuera del 16- no siempre estuvieron disponibles los vehículos de secretaría pero nos movíamos de ride o con nuestros vehículos, pedimos ayuda a nuestros familiares quienes en todo momento estuvieron apoyándonos. En algunas ocasiones tal cual fue durante los cursos de inducción llegaron a olvidarse de recogernos y llegábamos tarde, recurrir a nuestros vehículos fue una manera de asegurar nuestro trabajo con respecto en acudir en tiempo y forma a la entrega de papelería, surtimiento de medicamento para las unidades así como también - todo relatado desde lo que me tocó vivir- acudir a las viviendas a atender a los pacientes que no se podían mover o trasladar a pacientes al área de urgencias del hospital; pese a que hay carretera existen pacientes que no tienen manera de transporte, son personas con muchas carencias como lo son con estados de salud graves y jamás me arrepentí por moverlos yo misma. Debido a ciertas deficiencias estos pequeños actos nos ayuda más a nosotros como médicos que a los pacientes, porque pensando precisamente en ellos es que resolver sus estados se convierte en un deber importante para darnos un dejo de seguridad de que podrán recobrar su estado de salud o llevar una vida de calidad con el tratamiento oportuno - es la palabra adecuada-, de otro modo dejarlos a su suerte se convierte incluso una manera de entorpecer nuestro propio trabajo - al menos así lo veo.


Las primeras semanas fue difícil ajustarse al uso del expediente electrónico, la papalería que uno debe conservar así como de llevar la estadística de la unidad; en mi caso se había acabado la tinta, el expediente electrónico tenía algunas fallas que me impedían trabajar de manera adecuada, la unidad contaba con desperfectos y otros detalles que reiteradamente mencioné en oficios guardados en archivo y dirigidos a la Directora Guadalupe Moya, la jefa de enseñanza Dra. Jaqueline Aguilar Fernández y a administración y que no se resolvieron hasta octubre - no en su totalidad, sólo para esclarecer- entre ellos estaban algunas fugas de agua caliente, hoyos en las paredes, ventanas rotas, puertas con cerraduras descompuestas; las que precisamente permitían el ingreso a la unidad, el área de jardín descuidada -pues tiene desde febrero sin poderse podar- y que dan mal aspecto a la unidad, así como también la presencia de infestaciones como arañas y ratones que requerían el uso de veneno o trampillas -ninguno se me proporcionó a pesar de la petición por lo que yo misma lo compré-, lo hice porque algunos de los ratones ocasionaban hoyos en las paredes de la unidad o dañaban el medicamento que le otorgaba a los pacientes. A pesar de enviar oficios en diversas ocasiones confié en que todo se resolvería el día de la remodelación de la clínica y por ese motivo no fui más férrea en ese aspecto, sólo procuré dar un acomodo general a la clínica, una exhaustiva fumigada que iba desde el techo y las ventanas hasta el piso y detrás de los muebles, una limpieza para deshacerme de basura que se estaba acumulando en la unidad y que por ello pedí asistencia para trasladar muebles viejos y rotos, material dañado de la unidad entre otros incluso una silla para consultorio dental que parecía de hace más de 20 años, cabe decir que en las últimas décadas y a la fecha no existe área para salud dental. Mi clínica es una de las más grandes posee dos cuartos para médico con sus respectivos baños, regaderas y calentones - por fortuna-, un área de hidratación que utilizaba con pacientes graves, un consultorio, un área de vacunación, cocina con estufa, un patio con gas estacionario, un baño para personal y para pacientes - tanto el baño de pacientes como el del segundo cuarto médico siguen descompuestos-, la sala de espera y muchos archiveros. Debido a su tamaño también es muy fría, un calentón con tres radiantes apenas calienta la habitación, prendemos todos en tiempo de frío para que los pacientes estén cómodos, ¡también es muy oscura!. Explico que para mí la oscuridad es un problema pues alrededor de las 20:00 horas las luces de la plaza del parque que se encuentra enfrente de mi unidad se apagan en su totalidad así como las de la carretera que cruza toda la localidad por lo que se queda a oscuras en su totalidad, es imposible ver a través de las puertas de vidrio más allá de tu mano y puede resultar durante las primeras semanas muy tenebroso y solitario. La travesía en aquellos días fue lleno de ansiedad y añoranza, ansiedad porque no podía ver la cara de quienes tocaban durante la noche y como no conocía a los pobladores no tenía certeza de mi seguridad. En la localidad el policía más cercano esta en la comandancia de Gómez Farías, nosotros nos encontramos a 16 kilómetros por lo que para solicitar a un policía a altas horas de la noche para atender a un paciente resulta complicado y por desgracia más tarde comprobé que hasta imposible. Por otro lado en ese tiempo no tenía una enfermera pues la que se encontraba adscrita a mi unidad estaba de permiso por seis meses y la que tenía era de Gómez. Todos los pacientes que atendí durante la tarde, la noche o la madrugada siempre fueron buenas personas y todas ellas acudían por verdaderas emergencias, y si algo debo reconocer es que mi población siempre fue muy solidaria, generosa y consciente en ese aspecto. La añoranza venía agregada por ser primera vez foránea y verme alejada de cualquiera de mis pilares de ayuda y apoyo.


Entre otras de las dificultades que afronté atañen a mi estado de salud. Yo tengo asma desde la infancia y el sitio donde me encontraba es una zona boscosa, amplia y hermosa vegetación, pero la clínica se tornaba por ende fría y húmeda por lo que acumula con suma facilidad hongo en su techo, debo mencionar que eso agravó mi asma de usar esporádicamente mi inhalador a usarlo noche tras noche a la fecha. Pese a todo esto que menciono aún así podría decir que fue el mejor año que he tenido en toda mi vida. Viví mis mejores experiencias fuera de casa, recogí grandes amigos, encendí viejas amistades, logré entablar nuevas, me críe con nuevas personas que se convirtieron rápidamente en mi familia y que me recibieron con amplio afecto. Mis pacientes me enseñaron mucho, en ellos vi las deficiencias que debía combatir por su bien, y fueron amables en recordarme siempre mis virtudes cuando más sola me sentía. Hay mucho que quisiera decirles pero entre eso está indudablemente la tristeza que sentí al no poder despedirme. Hay pacientes de todos tipos pero en mi localidad siempre encontré candor y un pueblo unido, me ofrecían soluciones donde no las veía, paciencia y tolerancia y aprendieron de mí tanto como yo de ellos. En mi localidad vine a dar un servicio pero también a cumplir un sueño - desde la preparatoria siempre pensé en atender en la sierra y poder ofrecer mi ayuda- y lo logré hasta donde pude. En esos meses saqué provecho a muchas cosas, inicié hábitos de vida saludables, disfruté de la compañía y la cultura del lugar, descubrí animales y plantas de los que jamás había escuchado en mi vida, y encontré una tranquilidad en la naturaleza y las estrellas que se podían apreciar sin ninguna distracción. Escuché amplias leyendas e historias, conocí viejas edificaciones y hubiera deseado disfrutar de sus fiestas patronales. Así mismo me uní a un equipo femenil de softball -el primer deporte que practiqué en la vida- y en ello se me fueron los días demasiado rápido. En el servicio aprendí a ingeniármelas en todo para conseguir lo que necesitasen mis pacientes, ello incluía intercambiar medicamento excedente con otras unidades aunque no fueran de secretaría, eso y arreglar algunos desperfectos con cinta ¨agresiva¨ para poder ejercer de manera óptima. Todo esto fue parte de mi servicio desde febrero hasta el mes pasado.

Sí, habíamos escuchado noticias y cuestiones a palabras habladas de la presencia del crimen organizado en la comunidad, las personas siempre hablan de algunos personajes representativos y de las casas donde se alojaban, mismas que incluso evitábamos cruzar a toda costa. Todo eso era parte del conocimiento público. Intentábamos evitar estar afuera durante los toques de queda aunque no siempre nos enterábamos de ellos, procurar viajar juntos y si nos llegábamos a enterar de su presencia en el camino procurábamos evadirlos. Durante ese tiempo que estuve ejerciendo ejecutaron a un desconocido y no me enteré de ello hasta el día siguiente que lo velaban en la capilla, otras cosas se escuchaban como la presencia de conflictos en comunidades que están a no menos de 20 minutos de mi localidad entre ellas ¨Las varas¨. Cuando ocurrió lo de Las Varas en Mayo la jurisdicción consideró prudente enviarnos una semana a Juárez, pero en ese entonces no sentíamos el peligro ni cerca y de hecho no ocurrió nada más en nuestra ausencia. El 25 de mayo de 2017 cerca de la media noche se encontraban todos los pasantes reunidos en mi clínica, fue el momento que nos hablaron para citarnos al día siguiente para una junta en la cual se nos habló de los incidentes ocurridos en Ignacio Zaragoza donde unas personas habían ingresado a la unidad y que pertenecían al crimen organizado para llevarse material de la unidad para atender heridos, a pesar de ser un hospital grande, durante ese día muchos en el pueblo y del personal sabían que vendrían a Ignacio y en ese frenesí de histeria colectiva se cerraron escuelas, tiendas y la población permaneció resguardada en sus hogares, no así con los pasantes quienes fueron los últimos en retirarse para resguardarse pues ellos fueron encargados para cerrar la unidad; en cierta forma no tenían la certidumbre de que iba a pasar o donde podrían alojarse ya que no era seguro quedarse en su unidad; las personas los veían caminar solos por la calle con sus pertenencias pero nadie los ofrecía asilo, ni siquiera por parte de sus superiores. Esa situación probablemente movió a que se tomará la decisión de dejarnos ir por unos días en lo que se enfriaban las cosas. La parte más extraña de esa junta fue que ninguno estaba seguro de irse a Juárez, es mi atrevimiento afirmar que ninguno queríamos irnos para que no nos hicieran tomar vacaciones forzadas, porque ninguno quería realmente regresar tan pronto a la ciudad y porque realmente nos encontrábamos bien con nuestras localidades, cuando el Dr. Castellanos preguntó que levantara la mano quien realmente quisiera irse absolutamente nadie levantó la mano, en ese momento se sentía así, no nos había tocado ningún peligro que sintiéramos cercano, por lo que descansarnos unos días fue la opción final. A la semana regresamos sin novedades. Situaciones similares siguieron ocurriendo en los alrededores y el peligro seguía sin sentirse tan ¨real¨ hasta el mes pasado. El 17 de octubre de 2017, hace precisamente un mes, fue cuando empezaron nuestras preocupaciones. Ya habíamos escuchado de movimientos por parte de los que en ese momento controlaban la zona, presencia de puntos en distintas localidades como lo era desde Buenaventura hasta Namiquipa, pero ese día fue más evidente, eran las 11:00 horas cuando la hija de mi afanadora nos avisó que se escuchaban disparos pero que estaba bien. Se hablaba de grupos armados, se escuchaban disparos cerca de CBTa 214 de Gómez Farías, los alumnos se encontraban agachados en los salones por temor a las balas perdidas, las madres de familia que laboraban en el centro de salud pedían permiso para ir a buscar a sus hijos, se hablaba de la quema de tres viviendas que se asume eran casas de seguridad o de personas relacionadas con el grupo "El 32", y las calles hacia las 14:00 horas ya habían quedado solas. Nos llegaban llamadas de familiares pidiendo que no saliéramos que nos resguardaran, estuvimos escondidos todos esos días. Para entonces la comunicación con mi unidad era una situación particularmente difícil. Mi unidad se encontraba en remodelación, por lo que tenía que atender en la comisaría. La comisaría no cuenta con agua, baño ni con electricidad, por lo que si tenía que usar agua para el lavado de manos, usaba agua oxigenada; si tenía que hacer mis necesidades pedía prestado el baño con vecinos y al no haber electricidad utilizaba la lámpara del teléfono para inspeccionar a los pacientes en su debido momento. No podía hacer uso del expediente electrónico ni de mis archivos para indagar sobre algunas cosas, pero utilizaba en su momento la papelería que tenía hasta que se agotó a la semana. No podía hacer otra cosa más que hacer a mano propia las referencias, las recetas y las solicitudes de laboratorio con un addendum dobadum errata en el que pedía disculpas por entregar un documento de puño y letra debido a la falta de electricidad. Los pacientes a todo ese tiempo siempre fueron conscientes de la deficiencia de la unidad. Todo lo que restaba de la unidad se había movido a otro de los cuartos en bolsas por lo que a veces costaba más tiempo la búsqueda de un medicamento que la consulta entera. Por esta situación tampoco teníamos teléfono por lo que si nos querían dar algún aviso lo hacían hacia el celular de mi afanadora o de mi enfermera que para ese tiempo ya llevaba meses ejerciendo la consulta conmigo; sin embargo la señal siendo pésima en Gómez Farías, era inexistente prácticamente en el pueblo por lo que siempre las noticias llegaron tarde. Esos días fueron difíciles para mí porque debíamos permanecer ocultos y encerrados tanto tiempo. Hasta ese punto y aún con las balaceras siguientes que se dieron en todas las localidades serranas, aún esperábamos que las cosas se enfriaran.

Durante esos días estuvimos alojándonos con vecinos o personal. Sin embargo y a pesar de su desinteresado recibimiento, amabilidad, generosidad y apoyo se presentaron situaciones incómodas para nuestros anfitriones; pudiendo ser que se tratara por la cuestión de alimentos, de gastos en servicios domiciliarios o incluso por la convivencia en la dinámica familiar. Esa era la cara amable de la moneda, pero sabía con certeza de la situación de mis compañeros en Namiquipa quienes no guardaban muy buena relación con su población o su personal y quienes tuvieron que permanecer en sus unidades a pesar del riesgo de ser extraídos con violencia para que hicieran uso de nuestros servicios con fines para el crimen organizado. Ellos no tuvieron esa opción como nosotros y nadie procuró visitarlos en lo que acontecía esto. Son los mismos quienes en efecto estuvieron atendiendo heridos de estos grupos delictivos. No hay manera de negarse o manera de hacerse a un lado cuando estas cosas suceden, sólo es ejercer lo que aprendimos.


Durante este mes - el 25 de octubre de 2017- enviamos un oficio a la universidad que no pretendía en ningún momento ofender o causar algún tipo de situación alarmista pero era necesario comentar lo que realmente acontecía, que estaban sucediendo demasiados actos violentos, asesinatos, incendios intencionales a propiedad privada y secuestros en todas las comunidades circunvecinas. Y textualmente puede citarse el motivo de la carta: 
"El motivo de la presente carta es sentar un precedente y solicitar orientación por parte de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Sin más por el momento me despido cordialmente y quedo de usted a cualquier aclaración en espera de su respuesta."
El precedente fue a nuestro parecer una manera de protegernos de la frase "nunca se quejaron", "nunca dijeron nada". ¿Por qué era necesario? porque no fue la primera vez ni la única dentro de la jurisdicción que los pasantes se veían expuestos a problemas como los que menciono u otros más graves y porque en todas las ocasiones el apoyo fue nulo por parte de nuestros superiores. Tan sólo por mencionar el particular caso de Nicolás Bravo y sus pasantes, quienes no tenían donde alojarse y que fue una de las comunidades más afectadas en cuanto a violencia. No es tampoco de nuestro desconocimiento las diferentes respuestas recibidas por nuestra universidad y la secretaría de salud. Entre ellas un despido injustificado ante una situación en que el pasante de medicina no tenía donde vivir  ni donde protegerse mientras la localidad era tomada por el grupo armado, solicito así su cambio para terminar en una decisión lamentable, así como en anteriores años donde la respuesta obtenida fue: "hasta que no llegue en un féretro no se le otorgará cambio alguno de unidad". Cabe anotar que nunca se recibió una respuesta escrita a dicho oficio a la fecha.

El salario que se nos otorga no nos permite obtener casas de renta mismas que incluso son inexistentes en la comunidad; en promedio la renta ronda los 2000.00 MXN, nosotros ganamos entre 600.00 y 1800.00 pesos  a la quincena dependiendo de si somos pasantes de enfermería, odontología o medicina en lo cual se invierte para alimentos y transporte y motivo por el cuál que a pesar de nuestros fines de semana libre preferíamos permanecer en el municipio y sólo apartarnos una vez al mes para seguir visitando a nuestras familias. Una opción aunque hubiera sido rentar hubiera sido difícil sustentarla con todo y los gastos por servicios, alimentos y lavandería.

Una opción que llegué a escuchar mientras veía la televisora local mencionaba entre eliminar el servicio -que tampoco lo considero apropiado y que no puede ser eliminado de manera sencilla de la constitución- era que trajeran policías y militares: si deseara apuntalar un hecho es que mientras estuvieron los soldados estuvo tranquilo, mientras los bandos se escondían en la localidad de la Martha, y que a pesar de que México y sus militares cuentan de manera abastecida con material humano y armamentista realmente no hubo capturas significativas, lo mismo que también apuntalar que el día en que nos tocó estar en medio de todo, los estatales fueron los primeros en ¨correr¨.

Otra de nuestras máximas quejas tenía que ver que durante las conversaciones no se tomaba en cuenta nuestra opinión para la resolución de conflictos, atañía más a tomar decisiones basadas en lo que se nos ofrecía sin mediar tiempo a recapacitar; durante las situaciones violentas no se dirigían con nosotros directamente nuestros superiores para avisarnos de lo que ocurría, o algunos eramos avisados muy tarde cuando ya era complicado trasladarse al lugar donde se nos resguardaba. Soy de las personas que piensa que pagan justos por pecadores y a la fecha no deja de ser cierto. Durante el mes logré metas con mis pacientes, que acudieran quienes no venían nunca, que acudieran extranjeros de Colorado, Ruidoso entre otros, que se normalizaran algunos pacientes con enfermedades crónicas y atender pacientes con enfermedades complicadas, como pacientes con síndrome del seno enfermo - cabe mencionar que las funciones de las clínicas rurales son meramente preventivas y no está en nuestras manos atender padecimientos como el que acabo de mencionar, pues nuestro deber es prevenir enfermedades estacionales y enseñarle a la población hábitos para control de sus enfermedades, por lo que esto más bien es el esfuerzo extra que se hace por enfermedades que deben tener tratamiento inmediato-, por mencionar algunos y tener que cerrar mi clínica en ese mes a causa de la violencia resultaba difícil para mí, me impedía sobre todo llevar su seguimiento adecuadamente o realizar los envíos necesarios a las especialidades correspondientes.


En días posteriores se nos reubicó en una vivienda de Gómez Farías que correspondía en responsabilidad al Hospital Integral y sus pasantes, al tomar la vivienda - la cual ya estaba habitando un médico de urgencias- tuvimos que asumir la casa con sus desperfectos, y al decir asumir me refiero a intentar reparar lo que podíamos reparar debido a sus malas condiciones; limpiar exhaustivamente, desanidar animales, encontrar sábanas y poner clavos con el sartén para poder colgarlas como persianas y así evitar evidenciar nuestra presencia en la casa. Ver dentro de las carencias que podía necesitar la casa para poder vivir lo más cómodo posible, trajimos nuestra comida, trajimos un refrigerador ya que no existía ninguno -aún dentro de los tres meses que llevaba el doctor ahí- traer un colchón para poder vivir un total de seis personas compartiendo habitación, poner veneno para ratón, los que probablemente se colaban por el edificio contiguo que compartíamos, la fuga de agua caliente, la presencia sempiterna de humedad en el baño y las babosas que se deslizaban en la cerámica. Todo eso era parte de nuestra conformidad en cierta forma, preferíamos permanecer unidos y evitar estar durante la tarde en nuestras unidades, puesto que el personal se retiraba y nos quedábamos completamente solos y pensamos que sería más fácil obtener una respuesta oportuna en caso de cualquier incidente pues nos tendrían cerca y juntos, y que en su momento nos irían a buscar si esto se desataba. Tampoco pasó.

Acudíamos a las unidades donde nos transportaban a cada uno, para evitar que hiciéramos el gasto de gasolina en nuestros propios autos. Debido a que sabíamos de su presencia en la Martha y que durante la incursión de militares se escondían en las diferentes localidades como ¨El nuevo ser¨ y otras regiones adentradas a los cerros; sentíamos miedo al momento de ir y volver, miedo a ser detenidos en retenes como los que se estuvieron localizando rumbo a Soto Maynez y rumbo a la Martha, miedo a que nos identificaran como los médicos de las unidades, miedo a ser levantados y no contar con que regresaríamos - aunque exista el antecedente de que han regresado a otros médicos, nada puede garantizar realmente la palabra de alguien que se dedica a asesinar- y entre toda esa ansiedad estaba el hecho de que no queríamos ser al mismo tiempo despedidos de nuestras unidades, tal como estaba sucediendo desde hace un mes con todos los pasantes pertenecientes a la UACH y quienes obtuvieron como resolución que se les diera de baja. No queríamos correr sin instrucciones, no queríamos dejar el trabajo, ni las personas que en su momento nos acogieron, pero era una situación con dificultad tolerable. Durante las conversaciones que se suscitaron me resultó alarmante la manera en que se nos planteaba la situación por parte de nuestros superiores, resaltaba mucho la burla constante que se hacía hacia el pasante de medicina que se encadenó en la rectoría de la universidad y que de hecho pertenecía a esta jurisdicción, así como los comentarios emitidos que repetían: ¨no se han llevado a nadie, y si ustedes no están metidos en eso no hay nada que temer, en tiempos pasados sólo se llevaron a una persona -Margarita era una enfermera que habían levantado- pero ya no ha vuelto a pasar, lo mejor que pueden hacer si llega a pasar algo es encontrar la última habitación y esconderse, todos lo hemos vívido, sólo no entren en pánico¨. Escuchar esas palabras, dichas con esa facilidad dejaron una mella en mi mente para afirmar varias cosas.

- Nuestra seguridad no es prioridad.
- Ocultarse como podamos, queda a nuestra responsabilidad.
- Pensar que las personas que laboran en oficinas naturalmente se sienten de alguna manera protegidas debido a que el crimen organizado no busca doctores en las oficinas, las busca en hospitales y clínicas rurales.
- Qué si las cosas se ponían difíciles nadie iría a buscarnos.
- La certeza de que si ocurría algo no sabríamos que hacer.


En algún momento se llegó a mencionar por parte de ellos que "yo me duermo y no me entero de eso". No corresponde a la objetividad pero alguien que prefiere ignorar lo que va sucediendo no equivale a ser inmune y denota una falta de responsabilidad moral y consciencia para con nosotros los subordinados que sí estamos expuestos. Lo digo porque esa noche no pudimos dormir con su debida excepción.

Los días continuaron así hasta el martes 7 de noviembre del 2017.

1. ¿Cómo, dónde, cuándo y quiénes estuvieron involucrados?

En noviembre de 2017 nos tocaba entregar la papelería correspondiente al mes del SIS en la subsede de Gómez Farías, pero fue extraño reconocer que ninguno de los médicos que ocupaban las oficinas se encontraban a excepción de la Dra. Guadalupe Moya de quien se nos había hecho saber quería hablar conmigo y otra compañera. La entrega de papelería transcurrió normal a pesar de las ausencias, para ese momento acudimos a urgencias en la mañana para revisarme con un médico por un rash cutáneo; regresamos al domicilio y justo al momento del cambio de turno de las 14:00 horas le avisaron al doctor que vivía con nosotros que tenía que cubrir a los médicos de la tarde, cuestión totalmente extraña para nosotros ya que generalmente el doctor cubría en las noches. Acudimos a lavar a una localidad cercana hasta que oscureció momento que aprovechamos para regresar y comprar comida. Justo cerca de la entrada al Karvig de las afueras venía una camioneta con las luces altas, nosotros no recordábamos que no debíamos hacer cambio de luces a camionetas sospechosas por lo que al hacerlo la camioneta apagó completamente sus luces y distinguimos una caravana de ellas, todas con las luces apagadas siendo la última la que nos echó la luz. Nos apresuramos a llegar a casa no sin antes pensar que por esta tontería pudieron habernos detenido o haberse regresado por nosotros para ser interrogados y posiblemente levantados si averiguaban que eramos médicos. Al llegar a casa dejamos eso de lado y encontramos a nuestras compañeras arreglando algo de un boiler; cada quien siguió sus actividades hasta que le llamaron a uno de los médicos para decirle que irían a balacear Peña Blanca y más tarde avisados por otra persona que la balacera se continuaría en Gómez Farías de momento que decidimos apagar luces y ruido. Mis dos compañeras que se quedaban en el cuarto contiguo se acercaron con nosotros a la sala, bajamos uno de los colchones y yo les ofrecí el mío en el cual dormía -llevaba un par de días durmiendo en la sala porque me había quedado sin habitación-. Eran alrededor de las 23:00 horas cuando escuchamos disparos que provenían de la entrada a La Martha y que posteriormente se acercaron tanto hasta situarnos completamente en medio de todo. Los disparos eran tan estruendosos que sentíamos que prácticamente estaban fuera de la casa. Hubo un momento antes de que empezara completamente el conflicto en que todos borramos los mensajes del celular, los contactos que teníamos con personas de las localidades, y las redes sociales sólo en caso de que si llegaban a entrar y revisaban nuestros celulares no pudieran relacionarnos con nada o nadie que nos pudiera poner en peligro. Los casquillos se escuchaban caer y podíamos percibir los destellos de la percusión de la bala. Durante una hora escuchamos como atravesaban la copa del árbol del patio trasero y su fuente, se continuaron hacia las paredes de la casa y finalmente una iluminó la habitación al chocar contra el marco de metal de la ventana de la sala. Mis compañeras se escondieron abajo de la cama y nosotros permanecimos todo el tiempo enroscados en el colchón con la cabeza agachada, hicieron una pausa de un par de minutos que aprovechamos para bajar el segundo colchón y que las doctoras no estuvieran completamente en el suelo. Diferentes sonidos se oyeron durante toda la noche que atañían a metralletas entre otras armas -posteriormente confirmamos con los casquillos que encontramos que pertenecían a R15, AK47, M60, Calibre 50, entre otros de municiones pesadas-, y que de hecho había sonidos tan escandalosos que parecían producidos por explosiones de granadas. Hubo momentos durante esa madrugada desde que los disparos empezaron a golpear la casa que sentimos que estábamos en peligro real de muerte por las balas perdidas, lo mismo que cuando escuchamos un objeto metálico rodar por el techo que llegamos a pensar que se trataba de una de las granadas y que volarían el tejado y caería sobre nosotros. Todos nos encontrábamos en una situación de gran ansiedad, no sabíamos si entrarían a la casa y averiguarían que estábamos ahí, no sabíamos si saldríamos heridos, si nos llevarían e incluso la situación se volvió más histérica debido a que algunos compañeros empezaron a hiperventilar, otros a pedir que todos se callaran, y entre ellos yo que prefería estar demasiado quieta o empezar a comer algo para disminuir la ansiedad. El evento se extendió varias horas, momento en que uno de los doctores que estaba ahí utilizó para dormir -no sé si como forma de liberarse de la histeria de la propia situación- pero los que estuvimos despiertos escuchamos el vaivén de camionetas, los corridos que ponían para celebrar que habían ganado, como ponían a las personas para darles el tiro de gracia y finalmente cuando pasaron dos trocas enfrente de la casa gritando que ya había ganado la línea. A las 3:00 de la madrugada empezamos a oler a quemado, temíamos que le hubieran dado al boiler exterior o que estuvieran quemando nuestra casa, me levanté para asomarme para ver de donde provenía y se trataba de un negocio que se encontraba atrás de nosotros que estaba siendo incendiado; tuve que jalar una cobija para obstruir la puerta e impedir que el humo se siguiera metiendo y que nos asfixiáramos. El momento más álgido de la noche fue cuando escuchamos dos golpes en uno de los portones, sabíamos que más temprano alguien se había acercado por el frente y que al empujar la reja y no poder entrar se había rendido, pero atrás sólo teníamos un enorme portón y la bodega donde guardaban los carros de secretaría. Seguido de eso escuchamos dos hombres conversando y pisando las hojas secas del patio de la casa "se habían metido".


Una de las doctoras se dirigió a todos y dijo que a la cuenta de tres nos levantaríamos aún agachados y nos escabulliríamos hacia el baño del doctor que se encontraba en ese momento en el área de urgencias del hospital. Desperté al único de nuestros compañeros que se encontraba con nosotros y nos movimos en silencio total. Mantuvimos comunicación con el doctor de Urgencias que mencionaba que no habían traído ningún herido, y que los policías estatales que cuidaban el hospital los habían abandonado desde hace horas antes de que empezara el enfrentamiento, en cierto momento de la madrugada le avisaron para acudir por un herido, un camionero que habían balaceado justo en el Karvig que habíamos pasado pero al llegar ahí el herido ya no estaba. Suponemos que uno de los sonidos pesados de las camionetas que se escuchaba como si arrastraran algo tenía que ver con recoger todos los cadáveres que al día siguiente ya no se encontraban en ningún sitio.

La noche pasó larga, repasábamos planes sobre qué hacer si se metían a la casa, sobre decir que sólo uno de nosotros era el doctor y los demás enfermeras, sobre escondernos en el closet y debido a que la mayoría estábamos enfermos era imposible escuchar con claridad lo que pasó de las 4:00 a las 5:00 de la mañana, algunos tosían, yo batallaba con mi urticaria y la llave del baño goteaba, las mujeres se estresaban y pedían silencio, respiraban agitadas; fue así que el doctor se levantó y fue asomarse para ver si se habían ido los hombres pero logró observar que se encontraban dos al frente del omnibus, y una sombra en medio del patio por lo que permanecimos en silencio. Jalamos un colchón y un par de cobijas en una de las oportunidades para de perdida dormir un poco. Cada vez que teníamos la intención de dormitar se volvían a escuchar los disparos por lo que la noche la pasamos en completa vela. Eramos un total de 4 personas durmiendo en un colchón individual tres mujeres contándome y un hombre, quien eventualmente nos acompañaba de una en una para no llamar la atención a la hora de ir al baño. Al día siguiente me levanté, ya clareaba el día y eran las 6:40 hrs, no me había percatado de que alguien se había metido a la casa hasta que alcé la mirada y vi a alguien parado justo en la estancia -en la casa vivíamos aparte del doctor de urgencias, tres pasantes de medicina mujeres, una pasante de odontología y un pasante de medicina masculino, pero al momento del ataque solo eramos 4 personas, las 3 pasantes de medicina y el pasante- no tengo manera de describirlo pero me paralicé tanto del miedo que a pesar de ver perfectamente a la persona que tenía enfrente no podía distinguirla, en ese momento habló "Hola soy yo, no te asustes", se trataba de la pasante de odontología que había regresado y que no reconocí en ese momento porque simplemente no esperábamos que estuviera en la casa; ella al llegar y ver los colchones tirados en la sala, las cobijas apuntaladas contra las puertas, las sábanas regadas y notar que nadie se encontraba en las habitaciones llegó a pensar que nos habían levantado hasta el momento en que yo salí de nuestro escondite y me vio, me preguntó por los demás y le indique el sitio donde nos encontrábamos.

2. ¿Significa esto que las autoridades de Gómez farías, conocían con antelación los planes para el conflicto armado del miércoles? 

Lo más probable es que sí, debido a que fueron los primeros en ser avisados y en abandonar los hospitales. Y con ello incluyo con cierta sospecha que nuestros jefes directos también lo sabían, puesto que no era la primera ocasión en que nos encontrábamos en una situación y en la que nuestros superiores no se encontraban en el municipio. Sólo tenemos una convicción relativa que enfáticamente todos los involucrados querrán negar. 

3. Antes de la partida

Durante esa mañana fuimos a verificar los daños a la casa y comprobamos en efecto -hablando de convicción absoluta- que se habían metido a la casa por el portón de la bodega y que incluso pasaron la noche dentro de uno de los carros de secretaría. Los casquillos los recogimos después sólo para comprobar la razón de porque no hubo ningún herido y ningún cadáver. Dentro de los daños podíamos contar la transgresión de ciertos locales, entre ellos el que quemaron atrás de nuestra casa, y el consultorio así como el domicilio y restaurante del doctor Blas Juan Godínez, totalmente balaceado, con los vidrios quebrados y totalmente solo. Actualmente el doctor se encuentra en calidad de desaparecido - presumiblemente muerto- y era quien ejercía dirección en el Hospital del municipio. Durante la mañana intentamos contactar con nuestras diversas autoridades sin éxito, los teléfonos colgados o timbrando sin contestar, decidimos acudir con la Lic. Virginia quien logró que se comunicaran con nosotros y que por medio de ella se pudo tomar la decisión de obligarnos a abandonar las unidades para regresar a Juárez. Todos los eventos que tenía planeados como la muestra gastronómica se suspendieron así como las consultas. A partir de ese momento pasaron varias cosas inmediatas,  una noticia de ese día era que habían rescatado a 4 pasantes de Gómez Farías y nos extrañó porque todos los pasantes de Gómez Farías que quedaban eramos sólo los de la UACJ -puesto que ya teníamos un mes que habían recogido a los de la UACH- pero en realidad se trataba de los residentes de especialidades a quienes si habían buscado y con quienes la fiscalía tuvo contacto para poder sacarlos -ellos llevaban como 3 o 4 días de haber llegado- y se habían retirado antes que nosotros. Realmente nadie nos estaba buscando, y sentimos frustración al saber que nuestra seguridad valía menos que la de ellos. Emitimos un anuncio de que aún seguíamos en Gómez Farías que afortunadamente todos estábamos bien pero que nadie nos había rescatado y definitivamente nadie se había comunicado con nosotros, todo esto para desconocimiento de la mayoría de nuestros colegas quienes pensaban que ya nos encontrábamos en casa.

4. La partida

Estuvimos discutiendo toda la tarde entre nosotros antes de que nos avisaran de que podíamos retirarnos, pero justo al momento del aviso se estaba extendiendo la voz del toque de queda y que nuevamente se levantaría la violencia en Gómez, por lo que corrimos a la casa, tomamos todo lo que pudimos de valor y de nuestra ropa y abandonamos la ropa de cama, la comida, lo de limpieza entre otras cosas para poder empacar y salir a toda prisa. Estuvimos refugiándonos en casa de otro médico hasta el día siguiente en que saldríamos a Juárez. Todas las calles se encontraban solas, nadie quería salir e incluso las escuelas habían suspendido clases, las tiendas y locales cerraron y había fuertes rumores de emboscadas en las "emes" y del retén de "la cuesta". por lo que no teníamos una vía segura para salir de ahí, era prácticamente un volado. Durante la mañana del jueves estuvimos recuperando algunas cosas de valor que habíamos dejado en las unidades y nos habíamos despedido de nuestro personal y pacientes a quienes habíamos tomado aprecio, no así con todos puesto que tuvimos que regresar inmediatamente ya que nos habían avisado que estaban quemando casas de nuevo y nosotros requeríamos de estar en la casa del doctor para partir juntos en caravana; íbamos con miedo y el doctor que conducía sudaba el volante de los nervios. No hubo un momento del viaje en que nos sintiéramos completamente seguros hasta que cruzamos el umbral del milenio. Fue nuestra pequeña victoria personal. No puedo evitar sentir con ello también frustración, me despedí entre lágrimas porque mi localidad me dio el mejor año de servicio social y ahora me veía forzada a dejar todo eso atrás y a las personas que me quisieron y que quise, y sin embargo sentirme con miedo de perder la vida.




5. ¿Pasaron controles policiales durante el viaje?

Ni uno sólo hasta el punto militar que se encuentra a las afueras de ciudad Juárez. Tampoco ningún retén del crimen organizado - al menos no perceptible-.

6. ¿Eran conscientes del riesgo que tenían al abandonar el municipio?

Completamente, secretaría aunque nos proporcionó la gasolina para partir en ningún momento ofreció acompañamiento de ningún tipo para asegurarse que llegáramos con bien. Pero era un volado, realmente no sabíamos si podríamos atravesar el sistema montañoso y llegar a salvo.

PORQUÉ FUE

1. Causas obvias

Lo que ocurrió durante esa noche cabalmente podemos afirmar que no tuvo que ver con nosotros y que nosotros no nos involucramos voluntariamente en ello, simplemente nos encontrábamos en medio del enfrentamiento entre bandos, y que de haber surgido víctimas inocentes habría sido sólo por las balas perdidas. Durante esos días habíamos visto los graffitis que se encontraban en los cementerios y las salidas del municipio que rezaban G.N. siglas para decir "Gente nueva", y las historias sobre la "Linea" o "El 32" y los del Cartel del chapo. Sobre las localidades vecinas dentro de las cuáles algunas ya se consideran pueblos fantasmas. Una región en particular donde mataron a todos los habitantes involucrados en el otro bando y donde hicieron a uno de los pobladores cavar las tumbas de todos para finalmente cavar la suya y ser disparado en el acto. Es una situación de posesión de zonas.

2. ¿Cuál fue la reacción del país al saberse la noticia?

Con ligereza tanto que los acontecimientos posteriores ponen de manifiesto la animadversión hacia nosotros por parte de autoridades civiles, policíacas y militares, políticos de gobierno, sus opositores en quienes agrego un dejo de abandono, órganos de prensa y gran parte de la ciudadanía que no figura entre nuestros amigos y familiares quienes han estado al tanto de todo esto. Dentro de los planteamientos emitidos por los diferentes órganos y autoridades estuvo de primera intención el acercamiento de la prensa para cubrir la manifestación realizada el día 10 de noviembre de 2017 y posteriormente la plática con el rector con quienes discutimos todo lo contado hasta ahorita y que junto con el Dr. Constansde entre otros presentes aseguraban que no nos regresarían de nuevo a la región - cabe señalar que el día jueves 16 de noviembre durante una llamada al mismo rector este afirmó que no se nos había prometido nada- durante esa reunión figuramos pasantes de secretaría de salud como de IMSS, madres de familia y médicos internos de los diferentes hospitales de la ciudad. 
Se les otorgó un documento el que se señalaba las violaciones a la NOM-009-SSA3-2013. Parte del documento mostraba lo siguiente:

[...No es secreto para nadie que nuestro estado ha sido transgredido por diversos grupos delictivos, quienes transgreden la paz de las comunidades y violentan el orden social, estos grupos cometen abusos contra nuestros compañeros médicos pasantes amenazándolos, obligándolos a prestar servicio en secrecía y ponen en riesgo su vida. Los reportes recientes relevan que Uruachi, Batopilas, Guachochi, Guerrero, San Juanito, Madera, Villa López, Villa Coronado, Guadalupe y Calvo y, recientemente Gómez Farías son algunos de los municipios que se han visto mayormente afectados a causa de la delicuencia organizada...]
Menciona ante esto el hecho de que el pasado 7 de noviembre se encontraban en ejercicio profesional cuatro médicos de servicio social de posgrado, tres de la UACH y una de la UACJ, cuando sucedió el incidente que ponía en riesgo su integridad física y cuyas acciones por parte de las autoridades correspondientes fue la de evacuarlos y dejar en el sitio al resto de los pasantes, es decir nosotros que fuimos rescatados finalmente el 9 de noviembre.
[...Como miembros de la comunidad universitaria, estudiantes de medicina, médicos internos de pregrado y médicos pasantes de servicio social condenamos todo acto que produzca el menoscabo y transgresión de todo derecho humano así como la incapacidad de las autoridades para garantizar el restablecimiento del orden y la paz].
Finalmente se les hacía el llamado a:
1. Lograr acuerdos con las autoridades para garantizar nuestra seguridad.
2. Estrategias que permitieran reubicar a los prestadores de servicio social afectados y/o que no puedan ejercer su profesión libremente.
3. Mantener estrecha comunicación con los prestadores de servicio social en sus comunidades y evitar su abandono

Pero todo esto quedó solo en palabras de caballero. La mención de un caso en particular como lo fue el asesinato de un pasante de odontología en Villa López fue parte de las cuestiones que me alarmaron mucho, pues mencionaron su asesinato como justificable por cuestiones de celos de uno de los pobladores; algo que debería representar un grave problema jurídico y moral el permitir que el asesinato de un pasante sea considerado justo. ¿Puede justificarse el asesinato de pasantes, o debería atañer a la universidad el proteger a sus egresados? Aceptar o alentar a las comunidades a hacerse de justicia por sus propias manos y proveer, sin quererlo, una cobertura al amparo del cual se podían cometer toda clase de venganzas personales, desquites regionales además de incidentes terribles. ¿Son los métodos los que justifican los fines?.


Se nos otorgaron los números del rector Ricardo Duarte Jáquez y del director del Instituto de Ciencias Biomédicas Daniel Constandse Cortez, así mismo en la junta se discutió sobre la situación de los pasantes por parte de IMSS quienes ni siquiera habían tenido ningún tipo de contacto y que por lo tanto aún permanecen en las regiones afectadas, se habló de las localidades que no poseen ningún tipo de comunicación y que transgreden por ello la norma oficial mexicana antes mencionada que establece que todas las unidades deben contar con algún tipo de vía de comunicación en caso de emergencias; muchas de ellas no cumplen con esto y por lo tanto se encuentran aisladas por no decir que en completo abandono. Se estableció que intentarían buscar a estos pasantes y que en caso de que lo requirieran acudieran al número otorgado y la universidad haría del uso de sus unidades para buscarlos, así como también monitorear a todos los pasantes de las zonas afectadas. Es de mi conocimiento que el Secretario de salud estaba completamente de acuerdo en que no se nos regresara a las zona afectadas sin embargo el mismo 16 de noviembre se nos hizo un llamado por parte de nuestra Jefa de Enseñanza de que seríamos reubicados - se desconoce a qué sitios- o que nuestra segunda opción era regresar de nuevo a Gómez Farías.

Fue también en parte la indignación de la comunidad pues revelaba uno de los periódicos locales que cerca de 100 mil personas se quedarían sin atención médica en Chihuahua. Estamos de acuerdo y con toda certeza que esta situación pone en una tela delicada a todos los pobladores al encontrarse sin servicios médicos que el estado no puede garantizar a riesgo de nuestra seguridad y que todos ellos pertenecen a comunidades afectadas, muy necesitadas y que dependen de los pasantes para poder llevar control de sus enfermedades y prevención de otras. Es reprobatorio sino que aberrante que la escala de violencia impida nuestro libre ejercicio de la profesión y que debido a estos acontecimientos paguen justos por pecadores. A pesar de esta terrible deficiencia nadie plantea que más que repartir responsabilidades entre nosotros es necesario hacer un llamado al gobierno para cubrir las plazas con médicos de base que sean realmente pagados de acuerdo a su grado. No tanto la sustitución de nuestra "mano de obra barata" por las de otros en nuestra misma condición, "otros estudiantes". Es condenatorio que alguien como Javier Corral Jurado que ha sido periodista y seguramente se ha visto alguna vez envuelto en medio de la violencia, que alguien que ha sido diputado local, federal, candidato a gobernatura y senador, nos dejé en el completo abandono a escasos meses de terminar nuestro servicio social - dos para ser exactos-  y que sea incapaz de ponerse en los zapatos de los que queremos ejercer sin miedo. El dinero no podría mover a nadie a ejercer en un sitio en el que puede perder la vida, eso jamás podría ser un medio para nada, y vemos por ello en él a alguien incapaz de ejercer un estado de gobernabilidad contra la violencia en la zona serrana, lo que me lleva a lo siguiente.

3. ¿Pueden las fuerzas del orden de nuestro gobierno combatir a los grupos delictivos que  se encuentran tomando la zona con métodos no necesariamente democráticos?

En uno de los noticieros sometían a votación las opciones - que simples- planteaban resolver este dilema. Mencionaba que se mandaran policías y fuerzas militares, pero deben comprender que los policías son los primeros en saber y los primeros en retirarse, y así ha sucedido a lo largo de estos meses en que policías han solicitado su cambio o han renunciado al municipio y así mismo recordarles que las fuerzas militares solo mantienen en silencio a quienes a pesar de todo siguen realizando su trabajo bajo las sombras y que de ninguna manera los detiene. Una tercera opción rezaba por la abolición del servicio social pero quiero esclarecer que el servicio social que ha sido criticado sigue perteneciendo a la constitución mexicana y por lo tanto constituye un deber federal, que no en todos los casos pero si en el mío, he obtenido grandes experiencias y aprovechado mejor mis estudios, y gran parte de las comunidades y sus municipios satélites dependen de nuestra presencia para conservar la salud -pero que no se confunda que el deber de proteger y proveer la salud es del gobierno mexicano-. La situación de violencia que vivimos es como una Hidra de Lerna, posee demasiados enfoques que es imposible combatirla desde un sólo punto, en el cual hay muchos responsables involucrados que ven con normalidad y conformidad que se sigan suscitando. No hay manera de que nos aseguren nuestra integridad puesto que toda la región se encuentra invadida, no hay manera de que alguien pueda asegurarse de nuestras vidas porque todos aquellos que eran responsables de nosotros nos abandonaron en su momento de manera directa o indirecta pero reconocemos por ello que son situaciones que salen fuera de cualquier control, incluyendo al gobernador del estado. Me da tristeza confirmar el abandono de las localidades y sus pobladores sin servicios de salud, me da tristeza entender porque quieren que "no hagamos alboroto" como reza uno de los mensajes que hemos recibido, y que sólo confirma el abandono en el que de momento nos tiene en incertidumbre y duda sobre lo que pasará sobre nosotros y ver que esta situación a sobrepasado a todos nosotros, de manera que no se puede garantizar nuestra integridad.


RETRAIMIENTO

La actitud atávica nos señala ante gran parte de la comunidad universitaria que aún no realiza su internado ni su servicio social, y ante nuestro profesorado así como los médicos que llevan décadas ejerciendo, que somos parte del comunero que no desea realizar su servicio social o trabajar, o que ante la mínima provocación hubiésemos buscado una excusa para eludir nuestras responsabilidades y ser reubicados cerca de casa; los hechos señalan con convicción absoluta que esto no es así; hablando por los pasantes de mi región llevábamos 10 meses atendiendo a nuestras poblaciones dentro o fuera de nuestro horario de trabajo; es de notar en algunas poblaciones que se atendía a los pacientes hasta sus hogares si no se podían trasladar a veces a horas de la madrugada - a sabiendas de que podía suponer un riesgo-, que fuimos testigos de todos los actos de violencia cometidos en las comunidades cercanas a nosotros y que a pesar de ya no contar con la presencia de pasantes de UACH, continuamos con las actividades de consulta diaria evitando a toda costa ser retirados innecesariamente de nuestras áreas de trabajo en calidad de alarmistas, que en ningún momento desde esas fechas hasta el día de la marcha se mencionó que se quitara el servicio social obligatorio, estaba dentro de algunos de nuestros planes continuar ejerciendo la carrera como parte del personal de base antes de que surgiera la violencia en Gómez Farías y que regresar a Juárez no estaba dentro de nuestras prioridades. Consideramos sólo dentro de nuestras peticiones el que se diera seguridad a los pasantes del servicio social del área de medicina, odontología y enfermería y que las zonas marcadas por la violencia no fueran ofertadas nuevamente en este año 2018. Estamos por terminar nuestro periodo y probablemente ejercer este comunicado no debería representar absolutamente nada para nosotros pero realmente creemos que no es necesario que más pasantes revivan lo que hemos pasado y que no se encuentren en las mismas condiciones de abandono y soslayo. Nuestra actitud de retraimiento al momento se corresponde con las reiteradas menciones de que mantengamos el perfil bajo, sin hacer uso de nuestra voz por temor a las represalias y sin ningún tipo de escándalo que ponga en evidencia un simple lema. A la secretaría de salud, al Instituto Mexicano del Seguro Social así como al gobierno, sólo les importan los números y las metas, sin importar a costa de como y de quienes para obtener resultados. Resultados que pueden ser publicados en informes de gobierno como avances. Naturalmente esta situación merma dichas metas. 

CIERRE

Creo con esto finalmente haber esclarecido de un modo esencial el suceso, aunque algunos detalles y aspectos del combate permanezcan en la sombra; corresponde a nuestras autoridades el completo destino que tomen las cosas a partir de hoy y con el, el riesgo en el que se encuentra en este momento nuestra pasantía. Por lo pronto nuestras opciones se sujetan con firmeza a querer permanecer juntos si llegamos a ser reubicados más lejos o en otra zona de peligro, eso incluye la posibilidad de ser mandados incluso a la misma jurisdicción pero tratar de ser reubicados en otra zona de la misma a sabiendas de futuras represalias o de probables encuentros con quienes han visto nuestro rostro en los diarios donde hablamos de lo acontecido - de lo que no debimos haber hablado- o de permanecer en Juárez en las plazas de vinculación que no fueron ocupadas y en las cuales se solicitaron pasantes prestados de otros lugares, sólo esto con convicción enteramente relativa e incluso dudosa. Creemos necesario llamar a reflexión a los estudiantes de medicina quienes próximamente se encontrarán en nuestros zapatos sobre la compleja problemática que la desaparición de un médico y la expulsión de pasantes de zonas de violencia ha puesto en evidencia y exhortarlos, como lo mejor que pueden hacer por ustedes mismos en desempeño a su carrera, a deponer las pasiones que nos juzgan y las simplificaciones fáciles, los aprovechamientos políticos y burocráticos y las fórmulas demagógicas que se utilizan para encausar de manera abyecta una antipatía y oposición hacia nuestro gremio. Hay que reconocer con humildad que aunque los autores de todos estos actos no tienen rostro y otros más están bien resguardados detrás de escritorios y puestos, hay una responsabilidad mayor que debería incumbir a la mayoría de los mexicanos.