No puedo evitar sentirme como cienega insipida,
como parte de los festejos fúnebres de diciembre,
un diálogotedio inequívoco e insufrible
que amenaza con acabarme en estampida.
Me siento decepcionada de las familias grises
que suenan en mi tejado como quejido de bostezos,
y en medio del monstruo corvo sin cesos
que se deja abrir las piernas y repliegues
Siento como poco a poco vuelvo a ser objeto,
no puedo evitar sentir miedo al abrirme,
sintiendo su pornotanteo obsoleto
y su ansiedad de titanica estirpe.
He sido paralizada y perdido la memoria de lo que fue,
me he convertido en metáfora de esquizofrenicos,
y burla de los tontos que insisten en herirme
y de los que la memoria no guardará como recuerdos.
Quisiera decir los diez nombres de lo que vivi,
los tres secretos con los que existo como fantasma,
el vértigo que no para sus doscientas vueltas,
y las siempre-tristezas que pagan renta en mí.
El vómito de esta merma-vida que no se detiene,
que me lanza en proyectil como mentira cenobita
y siendo eremita del recuerdo constante
de que todos los demás ya se van.
Quisiera decir los diez nombres de lo que vivi,
los tres secretos con los que existo como fantasma,
el vértigo que no para sus doscientas vueltas,
y las siempre-tristezas que pagan renta en mí.
El vómito de esta merma-vida que no se detiene,
que me lanza en proyectil como mentira cenobita
y siendo eremita del recuerdo constante
de que todos los demás ya se van.
